Elijah no ha dejado de fruncirme el ceño los últimos cuarenta y cinco minutos; como si su pose de brazos cruzados, piernas firmes y mala cara fuera a hacerme temblar de miedo. Está enojado porque voy a salir “vestida así”, sus palabras, como si mi propósito fuera conservar la ropa toda la noche. ¡Ja! Mi ropa es lo menos importante aquí. Aunque obviamente no le voy a decir eso a mi hermano. Si ya está echando humo por boca y nariz solo por saber que saldré a cenar con Anthony, porque según él es lo único que hacen los adultos cuando quedan para una cita un sábado por la noche; no me quiero ni imaginar si le digo que, si sabe contar, es mejor que no cuente con que volveré esta noche. Pero bueno, dejemos así. Termino mi maquillaje, ahumando un tono más oscuro de lo habitual mis oj

