—Buenos días, señor Saint —saluda Hanna, acercándose a nuestra mesa—. Me alegra mucho ver que se encuentra bien. Anthony aleja la mirada de la mía para observar a Hanna, sin decir nada ante el hecho de que, al poner mi mano sobre la suya, estoy aceptando formalmente mi relación con él. Aprieta mi mano, impidiéndome que lo suelte cuando intento retirarla, confirmándome con ese ligero movimiento que entiende su significado, y que no es algo que vaya a pasar por alto. —Hanna, bueno días —saluda a mi mejor amiga—. Muchas gracias por tu preocupación. Sé que estuviste en mi casa anoche. Hanna confirma con la cabeza. —Sí, señor Saint —reafirma en palabras—. Todos estábamos muy preocupados por su bienestar. Anthony devuelve la mirada a mis ojos, y yo tengo que respirar profundamente para

