Narra Gastón.
2:00 am:
Han pasado algunas horas desde que dejamos a la chica en la casa abandonada y la conciencia me está carcomiendo, este no soy yo.
Pensar en mi padre y en lo que me haría si estuviera con nosotros y se enterara de esto, me entristece. Él siempre fue un hombre trabajador, digno, recto...nunca actuó mal, y ver a su hijo quien según él "seguiría sus pasos" hacer esto, seguro lo tiene decepcionado, y con razón.
Me desconozco.
No estoy de acuerdo.
Este no soy yo.
Me levanto de la cama decidido a enfrentar a mi amigo, no he podido pegar un ojo en toda la noche. Alexander se encuentra en el patio fumando con la mirada perdida hacia la nada.
—Alexander, no la podemos dejar allí—trato de hacer entrar en razón a aquel hombre con el que me crié y ahora desconozco.
—Si podemos.
—Ese lugar no está en condiciones, ¡se puede enfermar!
Lanza una carcajada.
—Samantha debe aprender modales.
—Con esto no estás haciendo nada más que alejarla, te terminará aborreciendo, no, incluso puedo jurar que ya lo hace. La secuestraste, trajiste a un país extraño y la quieres obligar a quererte, como si no fuera poco, la encierras en la casa abandonada. ¿Hace cuánto no vas por allá?—pregunto molesto—dices quererla, tenerla para ti, pero solo actúas como un psicopata. Nadie se enamora de alguien así.
—No busco que me ame, solo la quiero para mí, sabes que esa mierda de “amor” nunca será lo que busco. Fui en la tarde, es justo lo que necesita.
—Estás enfermo.
Finalizo la conversación, no vale la pena hablar con él, no va a entrar en razón y yo no puedo hacer nada para ayudarla.
Lo veo salir y dirigirse a aquella casa la cual ni recordábamos; irá a atormentarla, él nunca sede ante sus decisiones, menos cuando les faltan al respeto.
Alexander...
Alexander no siempre fue así.
Su abuelo fue un desgraciado que lo golpeaba por el mínimo error, se crió creyendo que el amor venía acompañado de sufrimiento, que la forma de corregir a la persona que amas es agrediéndola hasta que "entienda".
Regreso a la cama sin poder conciliar el sueño, doy vueltas y no puedo evitar pensar en nuestra niñez en la mansión familiar.
*Flashback*
—¿Por qué su papá le pega así?—por fin saco la pregunta que estuvo rondando por mi ingenua cabecita de 11 años.
—Son cosas de ellos—contesta papá mientras me saca al patio.
La familia Castellani siempre fue muy extraña, el abuelo y máxima autoridad del hogar, golpeaba a sus tres nietos, incluso a sus dos hijos, y nadie se atrevía a replicar o siquiera quejarse.
Alexander no tiene hermanos, sus padres se negaron a traer otro hijo a sufrir al mundo, pero su tío, tiene dos hijos varones, todos vivían en la mansión para ese entonces.
Siempre que pasaba, papá me llevaba a recorrer el gran patio y disfrutar de la cálida brisa que los árboles nos brindaba, y Alexander, quién era mi único amigo en la mansión, desaparecía por días, incluso semanas.
Pero un día papá no estaba en casa, había salido a una reunión con los padres de Alexander.
Recuerdo haber estado jugando a los carritos en la habitación de mi amigo, cuando entró tan imponente y alto señor, con un aura fría e indescifrable.
—Sal de la habitación Gastón, ve al patio—Me habla Gregorio, el abuelo de Alexander.
—Pero aún no terminamos de jugar—me quejo.
—Sal— fue lo único que dijo, y aún así temí por mí en ese momento, no tenía que ser un genio para darme cuenta de que estaba enojado. Sus facciones duras le brindaban un aire de superioridad y pesadez, de ser ese tipo de hombre con el que no querrías tener problemas, y yo solo tenía 11...
Pero esta vez me quedé... fingí irme, pero la curiosidad se apoderó de mi cuerpo, con sumo cuidado me acerqué a la puerta y eché un vistazo por un pequeño espacio entre el marco y la pared.
—Llamaron del Colegio Alexander, tus calificaciones han bajado a ocho, ¿qué es eso?, ¿acaso crees que es suficiente?, te pago el mejor colegio del país para que destaques, no para que te conviertas en un conformista. Esta familia no tiene perdedores, tiene hombres que solo se tienen permitido sacar puros dieces. Si continúas así, te prohibiré jugar con Gastón, tal vez ese niño sea quien te está mal influenciando.
—¡No, él no!—se atrevió a contestar, preocupado por perder al único amigo que tenía. A pesar de asistir a un colegio de personas importantes, la popularidad de la familia destacaba por tener un abuelo abusivo, nadie quería sus hijos junto a ellos.
Fue cuestión de segundos para presenciar la peor escena que un niño de 11 años podría imaginar. Gregorio se quitó el cinturón, le pidió arrodillarse frente a la cama, y lo empezó a golpear salvajemente, pasó alrededor de 5 minutos de puros azotes y gritos, juro que logré ver sangre.
Cuando por fin se detuvo, se acercó a la puerta para salir, no sin antes decirle:
—Es por tu bien, la personalidad de los líderes se forja desde el sufrimiento, el blando nunca conocerá el significado del éxito, y los perdedores no tienen derecho a ser festejados o siquiera amados.
Salí corriendo de la casa hacia el patio, tenía que analizar lo que acababa presenciar. Además el temor de ser descubierto.
Desde ese entonces, comprendí el porqué mi amigo se ausentaba tantos días, incluso estando en el mismo lugar, y con los años, más que el cuerpo, su abuelo le fue marcando el alma.
A sus 14 "por fin entendió la lección y a la vida" los golpes pasaron a ser felicitaciones.
Maduró rápido; a sus 17 años Alexander ya era un ser agresivo, perfeccionista, recto, arrogante. No se permitía equivocarse, no le importaba nadie más que él mismo y cumplir con las expectativas de su abuelo, y al mismo tiempo, en el favorito del mismo, lo que desencadenó varios conflictos familiares, incluso con su padre, ya que el viejo confiaba más en su nieto que en su propio hijo, quien aún seguía cometiendo errores.
Al cumplir sus 18, recibió la noticia de que su abuelo había fallecido, fue un sentimiento agridulce, porque ya no había a quien seguir o enorgullecer, pero ser "impecable" era lo único que él conocía...
Alexander no quiere amor, no creo que pueda llegar a amar a alguien, ní siquiera le interesan las relaciones de amistad, yo he permanecido porque sé cómo tratarlo...además es mi trabajo.
*Fin del flashback*
Salgo de mis pensamientos por un bullicio en la planta baja, según puedo notar...Alexander discutiendo con la chica que secuestró.
Pobre chica.
No creo que resista tanto.