La casa del patio

1126 Palabras
Nos adentramos a la casa en donde me quedaría, todo está oscuro, y como sospechaba, es aún peor por dentro, esto se está cayendo. —¿Qué es este lugar?—pregunto con disgusto. —Esta casa estaba aquí cuando Alexander compró la propiedad, al parecer los antiguos dueños planeaban hacer un espacio para visitas, sin embargo, no la finalizaron y simplemente la ignoramos. —¡Por favor, no me dejes aquí!—suplico arrodillándome —esto está horrible; húmedo, huele extraño, no hay luz y posiblemente esté lleno de alimañas. Prometo que me portaré bien—finalizo en voz baja, pero aún con obvia desesperación. —Lo siento, Alex dió una orden—se arrodilla hasta mi altura—lo único que puedo hacer por tí, es aconsejarte—sonríe descaradamente—si haces lo que Alexander te pide, todo saldrá bien, y me evitas ser tu niñero—dicho esto, me da una palmadita en la cabeza y se gira para tratar de marcharse. Imbecil. —¿Sabes que esto es un delito verdad?—inquiero molesta. —Obvio, pero no es mi delito—comenta, como si no ha ayudado con mi secuestro. —Se pudrirán en la cárcel. —¡Uy, qué miedo!—sonríe y me deja encerrada en el lugar. Aún es de día, recorro la pequeña casa y no encuentro nada más que blocks, ventanas cerradas, y por supuesto, la puerta. Me sorprende el como un lugar en este estado puede mantenerse cerrado, todo está lleno de moho. Me asomo por una de las ventanas y puedo ver varios hombres rondando cerca, lo que significa que aún encontrando una salida, sería imposible evitarlos. Doy vueltas por todo el lugar mientras trato de idear un plan, en caso de lograr escapar, ¿a dónde iría?, no tengo dinero, no sé dónde estoy, nunca he estado en Italia antes. Aunque es difícil aceptarlo, mi única opción es doblegarme hacia Alexander, tratarlo bien, ganarme su confianza hasta que él mismo me deje salir. ¿Pero es eso verdaderamente posible? Es un enfermo...un enfermo con mucho poder. Podría tenerme años encerrada en este lugar. Necesito conseguir un teléfono... comunicarme con mis padres. Pero, ¿cómo? Fácil (o eso creo). Lo conquistaré y cuando menos se lo espere, le clavo un puñal por la espalda. —¿Me puedes comunicar con Alexander?—le pregunto a uno de los hombres que vigila la casa. —Me temo que eso no será posible señorita. —¡Quiero hablar con Alexander!—alzo un poco la voz. —Deje ver—dice mientras rueda los ojos. Sé que para ellos no soy más que una niñita que deben de cuidar solo por el capricho de su jefe, pero no me importa, todos ellos están mejor que yo, no se encuentran encerrados en contra de su voluntad, se mueven por dinero. Me alejo de la ventana y empiezo a dar vueltas en círculo por todo el lugar, ojalá funcione. —¿Me llamabas?—escucho al fin su voz a mi espalda. Volteo y puedo mirar su cara de asco, asco que le da el lugar en donde pretende dejarme amanecer. —Te escucho—continúa con semblante serio y asqueado. —No quiero amanecer aquí. —Esa no es tu decisión—se cruza de brazos. —Te prometo que no volveré a maltratarte.—finjo arrepentimiento. —Sé que no, esto será suficiente para que lo entiendas—sonríe. Descarado. —¡No me dejes aquí por favor, también prometo hacer todo lo que me pidas!—le ruego sin miedo a perder mi dignidad, peor es quedarse aquí—el lugar está mojado, lleno de moho y sabrá Dios qué más. Me voy a enfermar. Se gira con intención de salir del lugar. —Si te permito salir, tendrás la libertad de siempre faltarme al respeto teniendo la certeza de que por hablarme lindo te sacaré del lugar, tú no estás arrepentida, solo tienes miedo—hace un ademán de que va a cerrar la puerta. —Seré tu novia—digo con la esperanza aún activa. Se gira dándome frente nueva vez, una carcajada sale de él, me gustaría poder callarlo con un puñetazo. —A mí no me interesa que seas mi novia, de igual forma eres mía. ¿Te has detenido a analizar tu situación?, ¿o acaso eres estúpida? no estás en posición de escoger. —¿Para esto me sacaste de casa?—pregunto sincera.—¡Vas a acabar conmigo! —Si no puedo tenerte feliz, te tendré rota, pero siempre te tendré. —¿Qué hice para merecerme esto? —Existir—sonríe—y ser tan perfecta. Lo odio. Me secuestra para alejarme del "peligro del mundo" y a la primera oportunidad trata de matarme. Sonríe y sale del lugar. Imbecil. —Espero que esto te enseñe a respetarme, y que entiendas que por cada falta, tendrás una consecuencia que asumir—habla desde afuera. Dicho esto, se acerca uno de los guardias y cierra la "puerta". No sé qué hacer. Me recuesto en una esquina y me hago una bolita, sin poder evitarlo, lágrimas de impotencia y tristeza bajan por mis mejillas. Empiezo a sollozar y gritar, no me importa quién me escuche, yo no pedí estar aquí, no quiero estar aquí y no le importo a nadie. Las horas pasan y no he hecho nada más que llorar y quejarme, no puedo ver nada en la habitación, todo está oscuro, no escucho nada más que pisadas y sonidos de animales, que espero y vengan del exterior. Supongo que ya es de madrugada, y no sé si son las horas llorando sin descanso, el estómago vacío o la humedad del lugar, pero es cuestión de segundos para que me invada el frío, un frío inmenso que me cala hasta los huesos, empiezo a temblar y me abrazo a mí misma buscando calor, pero es horrible, es incómodo. Tiemblo como perrito bajo lluvia, y trato de relajarme. —Nadie te vendrá a rescatar Samantha, debes soportar. Me repito una y otra vez, pero mi cuerpo parece rendirse minuto a minuto. La garganta me arde, los ojos me empiezan a lagrimear, esta vez no por tristeza, sino por la incomodidad que siento y la nariz me gotea sin control. No sé si es un resfriado o si este aire enmohecido me está causando algún efecto, pero me siento enferma. Siempre he sido frágil; cualquier cosa me enferma, mi sistema inmunológico es una mierda, y aquí, en este encierro húmedo, mi cuerpo solo se vuelve un problema más con el cual lidiar. Cierro los ojos y trato de aguantar, pero me siento increíblemente mal. ¡Lo que faltaba!
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