—¡El príncipe estaba abrazando a una chica!
—¿Por dónde está?
—¡Por allá! ¡Por Allá! — La ola de reporteros enloqueció corriendo hacia los vestidores.
—¡Maldición! ¡Me lleva! El padre de Nashir me va a matar si llega a ver las fotografías ¡Tengo que hacer algo!
Ras miró hacia todas partes y vio un equipo de sonido con micrófono con el que los entrenadores dictaban sus clases.
—¿Eso sirve? — Le preguntó al encargado.
—Sí, claro, ¿Lo necesita?
—Enciéndalo por favor — Ras tomó el micrófono e hizo una prueba de volumen — ¡Sonido! Probando uno, dos, tres… necesito de su total atención — Dijo a la aglomeración de personas que luchaba por entrar a los vestidores.
La gente se detuvo por un instante.
—Soy amigo de su majestad, Nashir Al-Nahayan, y debo advertirles que lo que está haciendo es motivo de demanda.
Los reporteros no prestaron más atención y volvieron a sus intentos de echar la puerta abajo.
Detrás de ella, Izzi estaba realmente asustada y con el rostro enterrado en el pecho del príncipe, nunca pensó que un enjambre de gente podría ser tan intimidante, Nashir seguía abrazándola y manteniendo su cuerpo como un muro para evitar que fotografiaran su cara.
Ras seguía intentando mantener a la gente alejada pero sus intentos eran infructuosos, hasta que de pronto dijo algo que pareció funcionar.
—¿Es así como quieren dar una primicia?
—¿Primicia?
—¿Qué primicia? — Ras tenía de nuevo la atención de los periodistas.
—No podrán saber quién es la prometida del Príncipe si siguen en esta sala — Cuando lo dijo se refería al compromiso que seguramente Nashir iba a adquirir muy pronto debido a la conversación de la noche anterior con su padre, pero nunca se imaginó que la tuba entendiera que se trataba de la chica con la que Nashir se escondía en los vestidores.
—¡Es la prometida del príncipe! — La turba enfureció todavía más, no se irían sin una fotografía de la afortunada joven con la que el heredero iría a casarse.
—¡Maldición! — Ras soltó casi sin pensar — ¡Perdí mi trabajo!
—¿Qué es lo que acaba de decir? — Izzi preguntó sin sacar la cara del pecho de Nash.
—No lo sé, supongo que alguna tontería que se le ocurrió, pero salió mal, creo que tendremos que salir de aquí si no queremos que nos acorralen, debemos hacer algún tipo de plan.
—A mí no se me ocurre nada.
—Bueno, aquí la idea es proteger tu identidad, o harán tu vida un infierno, investigarán quien eres, donde trabajas, quien es tu familia, dónde vives, e incluso lo que comiste esta mañana…
—Ya, ya entendí, ¡No quiero eso ni un millón de años! — Ella se apresuró a decir pensando en Oliver y en como eso lo afectaría.
Quería hablar con Nashir sobre su hijo, pero no quería que nadie supiera que Oliver era hijo del príncipe, en verdad nunca pensó en la prensa cuando se planteó ir a decirle todo.
—Necesito proteger a mi familia, no puedo exponerme así.
Nash miró a hacia todas partes buscando algo con que cubrir el rostro de la chica y poder salir sin que nadie pudiera tomar una solo fotografía que sirviera para reconocerla.
Pero no había nada. De pronto se quedó observando a la joven aferrada a su playera.
—Creo que tengo una idea, pero necesitaré que confíes en mi — él dijo en tono amable, uno en el que Izzi no creía viniendo de él.
—¿Cuál es tu idea?
—Tendré que cubrirte el rostro, y luego guiarte hasta un lugar seguro, ¿Crees que podrás seguirme el paso sin desesperarte o sin descubrirte la cabeza?
Izzi levantó la mirada para verlo a la cara y entonces Nashir se sacó la camiseta y ella pudo ver su torso desnudo en todo su esplendor, ¡El tipo tenía el abdomen mejor torneado que había visto!
«¡Madre santa!», ella pensó abriendo la boca como una tonta. Se mordió el labio inferior y tragó saliva. Tenía el pecho tallado en puro musculo, cada uno marcado con exceso y belleza como si estuviera esculpido en piedra por las manos de un artista.
«¡Carajo! ¿Qué diablos estoy haciendo aquí con este tipo?»
—¿Estás lista? — él preguntó con una sonrisa arrebatadoramente sexi.
«¡Lo odias, Izzi! ¡Que no se te olvide!»
La rubia apenas asintió con un ligero movimiento de la cabeza y él cubrió su rostro por completo con mucho cuidado usando su playera.
«¡Hasta huele bien el desgraciado!»
Sintió las manos grandes y firmes de Nashir tomándola por los hombros y sacándola del vestidor mientras las cámaras disparaban flashes por todas partes.
—¿Cómo se llama su prometida Príncipe?
—¡Déjenos fotografiarla!
—¡Vamos, denos su nombre señorita! ¿Es americana?
Él la guio a través de los pasillos del hotel, luego subieron las escaleras, seguidamente tomaron el elevador, en aquella huida parecía que estuvieran adentrándose cada vez más a un laberinto confuso.
El ruido ensordecedor del tumulto comenzó a cesar con forme se alejaban, al llegar arriba ella escuchó una puerta cerrarse y las manos de Nashir por fin la soltaron quitándole la camiseta de su cabeza, ella inspiró muy hondo.
—Ya llegamos, aquí estarás a salvo hasta que se vallan, perdón por taparte la cara, era la única manera — Él explicó todavía con el torso desnudo y ese rostro perfectamente angulado.
Izzi no pudo evitar seguir el movimiento de sus carnosos labios ni el brillo del jade de sus ojos bajo las largas pestañas negras.
—Creo que estoy en deuda contigo, te hice pasar un muy mal rato.
«¿Qué? ¿Me está pidiendo disculpas? ¿Nashir Al-Naha… lo que sea?»
Izzi estaba confundida.
La actitud de este tipo no se correspondía con el que había conocido en el sepelio de Madison, un hombre orgulloso y prepotente, con ínfulas de grandeza, y que la había tratado como si no valiera nada, ni siquiera se había dignado a darle la cara, o a escucharla, sino que había subido la ventanilla del auto dejándola sola y vacía por dentro.
—No comprendo.
—Quiero decir que, me gustaría recompensarte de alguna manera.
—¿Recompensarme?
—Te hice pasar un mal rato…
—Tú no me hiciste pasar un mal rato, fueron ellos — Dijo casi sin pensar, si lo hubiera hecho, le habría dicho otra cosa, que no había sido un mal rato, sino cinco años de malos ratos. Pero estaba todavía en shock.
—En todo caso, ¿Cómo puedo retribuirte?
Ella sacudió la cabeza molesta, «¡Este idiota cree que puede resolverlo todo con dinero!».
—¿Sabes qué? ¡Mejor me voy! — Ella anunció pasándole por un lado después de haberlo empujado con el hombro.
Ras se paró en la puerta para cortarle el paso.
—¿Qué haces? ¡Déjame pasar!
—No puedo, ellos están todavía esperándote abajo, no saldrás de aquí hasta que sea seguro.
—¿Seguro para quién?
—Para ambos.
—¿Y tú eres su perro guardián?
Ras se encogió de hombros.
—Entonces ¿Hasta cuándo su majestad me dejará salir de aquí?
—Ya Ras te lo dijo, hasta que sea seguro.
Izzi puso los ojos en blanco y se fue a sentar en la sala cruzándose de brazos.
Nashir le hizo un gesto a Ras y este desapareció yendo a la cocina.
—Deberíamos hablar, hay que quemar tiempo, ¿No crees?
—Supongo que a ti te sobra, pero a mí no, tenía un plan para hoy, y estoy perdiendo mi tiempo aquí contigo.
A Nash le intrigaba como era que una mujer se atreviera a decirle que perdía el tiempo hablando con él, mientras montones de mujeres harían fila solo para saludarlo.
—Eres bonita…
—¿Qué? ¡Por favor! Que predecible.
—¿Predecible?
Ella lo miró como si él fuera un completo idiota.
—¿Sabes la cantidad de hombres que dirían eso para comenzar una conversación?
—Tenía que empezar por algún lado, además, a lo que me refiero es a que pareces deportista.
—Tú también.
—Sí, algo…
—Soy entrenadora de un Gym, y también maestra jardinera.
Nashir pareció sorprenderse.
—¿Por qué pones esa cara?
—Porque es genial, digo, en mi país las mujeres solo piensan en casarse con un buen marido, no es que esté mal, pero tú…
—Yo solo hago lo que necesito para sobrevivir, y para… — Ella se detuvo, casi menciona a Oli.
—¿Y para?
—Para no morir en el intento.
—Necesitas ingresos.
—¿Y quién no? — Contestó cortante y evadiendo el comentario.
—¿Te gustaría ganar un buen dinero?
Ella lo miro con malos ojos.
—No te estoy proponiendo nada malo, solo iba a decirte que no tengo entrenador aquí, ¿Te gustaría ser mi entrenadora?
De pronto Izzi aclaró sus pensamientos, tal vez necesitaba un poco más de tiempo para plantearse la manera de decirle todo a Nashir, además, el dinero no le vendría mal, lo necesitaba, las deudas y los gastos del niño no podían esperar más.
—Tal vez…
—¿Tal vez?
—¿Que ofreces?
—Buena paga, trabajar un rato todas las mañanas, y tal vez acompañarme a caminar y enseñarme la ciudad.
—¡Estás loco! ¡No saldré a la calle contigo!
—Iríamos de incognito, nadie nos reconocería.
—¿Cómo estás tan seguro?
—Porque lo hago todo el tiempo, incluso en mi país, la gente no te reconoce si te ve fuera de contexto, o con la ropa adecuada.
Dijo él sonriendo de nuevo, ¡Carajo! Si seguía sonriendo de esa manera no podría hacer lo que había venido a hacer, mandarlo a la mierd***
—¿Qué dices?
—Está bien, pero en cuanto se repita la locura de hace rato me iré.
—¿Tenemos un trato?
—Tenemos un trato.
Ras apareció anunciando que el desayuno ya estaba listo.
—Ven, te invito a desayunar, y luego organizaremos tu salida del hotel.
Seis horas más tarde:
—¿Y qué le dijiste? — Elsa preguntó dándole un sorbo a su café.
—Nada, ¡No pude decirle nada! Soy una tonta, debí escupírselo tan pronto tuve la oportunidad.
—Creo que en realidad no la atuviste.
—Claro que sí, ¡Estuve allí con él durante horas! Y fui una cobarde, no me atreví a tocar el tema siquiera…
—No te castigues de esa forma, Izzi, es normal que un hombre como ese te intimidara.
—No, no lo hizo, al contrario, fue amable y paciente, incluso se molestó en protegerme de la prensa, o ahora estarían aquí volviéndome loca.
Elsa inclino la cabeza hacia un lado en señal de interrogación.
—Sí, ¡Yo también pienso que es un cínico! — Dijo como si La otra mujer hubiera dicho algo — Solo alguien muy cínico puede fingir tanta amabilidad para después abandonar a su propio hijo no nacido.
Elsa se encogió de hombros.
—Pero no me va a engañar, él puede engañar a cualquiera con esa cara y ese cuerpo, con esos ojos y ese… — Trago saliva y cerró la boca por un instante cuando se dio cuenta de lo que había salido de su boca — ¡A mí no me puede engañar, yo si se la clase de persona que es!