El móvil de Nashir sonó insistentemente, el príncipe lo sacó de su bolsillo para atender a la llamada, pero estuvo tentado a dejarlo sonar hasta que se le agotara la batería al ver que era su hermano gemelo Yashir.
Inspiró hondo para llenarse de paciencia antes de responder.
—¿Qué quieres Yashir? —Atendió de muy mala gana.
—¿Por qué tanta violencia hermano? ¿No se supone que por ser gemelos deberíamos estar más unidos y todo eso? — Le dijo de manera irónica.
—Dime ya que es lo que quieres, Yashir, estoy muy ocupado.
—Supongo que, si has de estarlo, con ese ultimátum te dio nuestro padre… — Le dijo sin rodeos y yendo directo al grano.
—¡Que delicado para decir las cosas, no tienes pelos en la lengua cuando se trata de lanzarme a la cara cosas como esas! — Contestó molesto.
—¿Pero de qué hablas si a mí me hizo lo mismo?
—No te creo.
—Pues, aunque no lo creas, sí, y ya tengo un par de prospectos de esposa — Comentó con orgullo, hundiéndole el dedo en la herida supurante a Nashir.
—¿Ah, sí?
—Sí, tres de ellas querían al gemelo mayor, por su puesto, pero en cuanto papá les dijo que básicamente éramos una copia, el uno del otro, a nadie le importó, un gemelo, o el otro, les dio igual.
Nashir hubo de cubrirse la boca, el de la idea había sido él, pero claro, no se lo diría o el muy idiota se rehusaría también a casarse, y por ahora, el posible matrimonio de Yashir le compraría tiempo a él para buscar a una esposa adecuada para hacer el teatro ante su padre e incluso, ante la prensa de su país.
—¿Y qué harás? ¿Cuándo tienes estimado llevará a cabo la ceremonia? — Le preguntó como quien no quiere la cosa.
—¡Será muy pronto!, nuestro padre está desesperado por tener algo con lo que cerrarles la boca a los Medios, y a las redes también, estuvo pensando en pagar anuncios para publicitar ¡El magno evento!
—No imagino como has de sentirte…
—¿Y cómo crees? ¡Alagado! Todo el país tiene los ojos puestos en mí ahora.
Nashir puso los ojos en blanco, el ego de su hermano era más grande que el territorio nacional de su propia patria.
—En todo caso, hermano, te llamaba para informarte que mi futuro va viento en popa, y que más te vale que muevas el trasero para darle a papá un matrimonio del cual hablar, o en serio tomará acciones.
Con la última frase, el otro gemelo captó la atención de Nashir cien por ciento.
—¿Te ha dicho algo?
—Todo el tiempo lo está diciendo, ya parece disco rayado, “Que Nashir esto”, “que Nashir aquello”, “que lo voy a desheredar”
Nashir se llevó la mano a frente en actitud preocupada.
—Dime que tienes a un cordero para el sacrificio, Nashir.
—Aún no.
—¡Pues consíguelo y degüéllalo! O serás tu cabeza la que ruede.
Nashir se quedó pensativo y preocupado.
—Creo que necesito tomarme un descanso, mañana saldré muy temprano a correr, ¿Vienes conmigo Ras?
Ras lo miró como si fuera idiota.
—¿Y a dónde más podría ir? — Respondió de forma irónica — Iré con su majestad a correr.
—Je, je, je, te quiero amigo, de verdad… — Palmeándole la espalda, y de pronto algo cruzó por su mente — Ras, ¿Y si la llamo para que nos acompañe?
—¿A quién?
—¡A Izzi! ¿A quién más? — Abriendo los brazos como si fuera obvio.
—¿Ya le dijiste que comienza a trabajar mañana?
—No, pero puedo hacerlo ahora, la llamaré.
—Nashir…
—¿Qué? — él ya estaba marcándole.
—Ten cuidado, la prensa estará tras de para conocer la identidad de la chica misteriosa.
—Sí, gracias a ti.
—Solo intenté ayudarte.
—Mejor no me ayudes la próxima vez, Ras.
El príncipe esperó a que Isabelle respondiera la llamada.
Izzi seguía arreglando la ropa limpia y dejando todo en orden, Oliver acaba de acostarse a dormir, y ella todavía estaba con una pila de cosas por hacer, Susy le había pedido hacer unos dibujos para el aula de clases y apenas iba a sentarse a hacerlos, ni siquiera había podido preocuparse por eso, el estúpido de Nashir ocupaba todos sus pensamientos.
El sonido del móvil la sacó de sus cavilaciones, alargó la mano sin ver quién era, simplemente tomó la llamada sin soltar la ropa interior que estaba doblando-
—¿Diga?
—¿Izzi? — LA voz profunda y sensual, con aquel acento exótico y extranjero, la golpeó como un tren en movimiento.
«¿Qué carajos?»
—¿Hola?
—Sí, estoy aquí…
—Te llamaba para decirte que comienzas a trabajar para mañana.
La rubia inspiró profundo, dejando salir luego el aire de a poco.
—Pensé que sería el lunes.
—Sí, es que yo… quiero salir mañana a correr, y no conozco la ciudad, no quiero ir a un lugar concurrido, esperaba que tú me pudieras llevar a algún sitio adecuado.
—¿Y por adecuado te refieres, a...?
—Básicamente en donde la prensa no nos consiga.
—Mmm… creo que conozco un buen lugar…
—¡Genial! Entonces nos vemos, aquí.
—No, corrección, te enviaré la ubicación, y te esperaré ahí, así evitaré viajar el doble y correr el riesgo de encontrarme algún periodista.
—No tengo objeción con eso, nos vemos allá, feliz noche.
Ella cortó la llamada y él se quedó esperando que le deseara también lindos sueños, pero eso no ocurrió, Nashitr no sabía qué rayos le sucedía a la chica, y por qué se portaba tan cortante con él, pero algo en eso le fascinaba, le atraía como un imán de una manera poco convencional.
Nashir se recostó con una enorme sonrisa en los labios sin saber por qué, solo sabía que ella tenía algo diferente, pero no lograba ver lo que era.
Izzi lanzó con rabia el móvil sobre la pila ropa que estaba doblando. ¡Él era tan irritante! No lograba entender que coños le había visto Madison a un hombre como ese para caer en sus redes, era todo pretensión, y exudaba exceso de confianza, de ese tipo de personas que creen que merecen por derecho la adulación de la gente.
—¡Como lo odio! — Dijo mientras daba un par de vueltas en su diminuta habitación como si fuera una fiera enjaulada — Calma, Izzi, ¡Mañana te llenarás de valor y le cantarás la tabla al monigote ese!