Entendí todo lo que pasaba y no sabía qué precio pagaría por ello. La ausencia de Aída había afectado más de lo que creía y su llegada pasaba a ser muy insignificante. Mis hijos tenían miedo de mi; miedo de perderme y tener que pasar ahora 8 años a solas con ella. Su madre para ellos era una total desconocida y aquella persona que les había abandonado sin mirar atrás. Traía sus altas consecuencias y no sería mi culpa. Ahora solo podía enfocarme en ser feliz. No podía hacer más que pedir su calma, besar su frente y continuar. Había sobrevivido a un accidente, había sobrevivido 8 años sin mi esposa. Siempre podría dar un paso más. Fue así que solo por una vez en 8 años, tomé decisiones por mi mismo. Álvaro era adulto y Avril estaba por serlo. Pronto serían ellos quienes me dejarían y

