Corrí escaleras abajo mientras mi hijo reía, sabía que estaba haciendo lo correcto. Bajé y Aida estaba allí sentada, me miró confundida y no me detuve. Tomé las llaves del automóvil y corrí fuera de casa. —¿¡Dónde vas!?—Gritó con desespero poniéndose de pie. —¡Va tras la chica!—Gritó Alvaro apareciendo tras de ella. Reí de felicidad y corrí aún con más fuerza. Debía encontrarla. Subí al automóvil, lo encendí y corrí a alta velocidad y marqué su número. Una, dos, tres veces. Nunca respondía. Estaba asustado, estaba por perderla. No quería perder a Samantha. Tomé el celular una vez más y ahora mandé un mensaje de texto. —Por favor responde, te estoy buscando como loco. Necesitamos hablar.—Y presioné enviar. Pero cuando estaba por levantar mi mirada del celular, sentí las lla

