Cuando estaba por decir algo más, Avril apareció corriendo y se lanzó a los brazos de Aída. Ella secó sus lágrimas y la miró con cariño. No sabía que creer o que decir. En éste caso y alturas de la vida, ya no me sorprendía nada de Aída y podía ser un modo de verse indefensa y regresar a nuestras vidas. Pero ahora solo podía pensar en alguien más, en Samantha. Miré como Aida tenía a Avril en sus brazos y le llenaba el rostro de besos. Ella realmente estaba feliz, mientras Álvaro no hacía presencia. Caminé dentro de casa y lo busqué con cuidado. Estaba en su habitación, sentado en una esquina oscura dónde taparía sus lágrimas. —No quiero hablar.—Dijo antes de acercarme. Pero haciéndome de oídos sordos, caminé y me puse a su lado.—¿Qué sucede?—Pregunté en susurros.—¿No estás emoc

