Samantha había sido la distracción más grande que había tenido. Ahora podía decir con base que era muy buena en todo lo que hacia dentro y fuera de aquella oficina. Pero después de acabar, tenía que hacerle frente a problemas reales y muchos más grandes; el divorcio. Seguía intentando que aquello no me afectara lo suficiente, pero la verdad era que todo lo que pasaba referente a Aída, me dolía. Ya no podía verla o hablarle, mayormente se me iban las palabras o los golpes al aire. Tampoco quería que aquella última imágen que Aida tuviese de mi, se viniera abajo. Los días se hacían más largos en la oficina y Samantha fue mi compañía. Y no, no solo era sexo. Se volvió una confidente y ayuda en todo ésto que involucraba el divorcio. Se encargó de hablar con mis abogados y plantear la si

