Camina hasta pararse frente a mí y con la punta plana comienza a recorrer mi cuerpo mis brazos, golpeando en ellos y así repite la acción por toda la parte delantera de mi cuerpo, mis pechos arden por el contacto y la piel de mis muslos escose por donde golpeó, al terminar la vuelta recorre todo mi espina dorsal con el extremo vara dejando la sensación de rasguño sobre toda ella. —¿Qué hay en el castigo? —pregunta con voz neutra. —Disciplina, Amo. —respondo de inmediato. —¿Qué se siente en el castigo? —Dolor, mi señor. —¿Qué genera al castigo? —La desobediencia, mi señor. —¿Quién Merece el castigo? —Yo, mi señor. —¿Debes ser castigada, Daniela? —Sí, señor. —¿Por qué? —Por desobedecerlo, mi señor. —Será la paleta, ¿cuánto debería palmearte? —Lo que considere, mi señor. —Bien

