Acto 34

1337 Palabras
Daniela.        Bajo corriendo las escaleras y salgo al pasillo un piso antes del donde tienen a mi hermano, busco un baño y entro casi que corriendo, lavo mi rostro algo acalorado por todo lo vivido y la corrida sintiendo la fresca agua relajarme, seco mis manos y mi cara, entro a unos de los cubículos y me arreglo lo mas que puedo.        Suspiro y sonrío al recordar todo lo vivido, esa manera loca en que me invade el deseo cada vez que veo a Tay, y esa manera perfecta que he encontrado en él para apaciguarlo.        No me arrepentiré jamás de haberme entregado a él… nunca me sentí tan segura de algo en mi corta vida, y que los dos nos compenetremos de esta manera perfecta lo hace ideal.        Salgo del baño y bajo un piso en el ascensor camino hacia la habitación de mi querido Dan, y suelto un suspiro antes de entrar. Abro la puerta y me propongo hacer de este momento un motivo más para lograr vivir con todo lo que me viene a cuesta. Los brazos de mi madre me toman por sorpresa, su cansado rostro reflejan la angustia y el cansancio que lleva a cuesta. Su rostro triste me da una pequeña sonrisa al mirarme a los ojos y me aprieta de nuevo entre sus brazos. Le sonrío y beso su mejilla. —Mi niña, perdóname… —le interrumpo no quiero que se sienta más agobiada por nada. —¡Shhh! Mamá, no hay nada que perdonar. Imagina que absurdo dices. —Claro que sí, he sido mala madre no las he visto en días fuera de un hospital y ustedes también son mis hijas, es solo que… que él está allí, tan débil, lastimado y dependiendo de otros… que no puedo concebir la idea de apartarme de él, me duele tanto. Sus ojos se llenan de lágrimas las cuales asombrosamente no se derraman de ellos, y su cabeza girada hacia la cama donde se encuentra mi hermano me confirman una vez más que su amor de madre es inmenso y que su dolor es del mismo tamaño. —No digas eso, y dime cómo está, que dicen los doctores, cuando despertará. —¡Ay!, mi niña, aun no lo sabemos, está estable . La inflamación en su cabeza ha disminuido, gracias a Dios, pero le han repetido la mayoría de las pruebas y le harán otras mañanas. Asiento con mi cabeza y suelto nuestras manos, para encaminarme hacia mi hermano. Tomo sus mano derecha y delineo sus cejas, me invade una nostalgia inmensa, pensar que hace nada estábamos despidiéndonos en casa de los Braxton y como sonreía cuando Hismary le hacia cualquier comentario, es tan irreal.        Me quedo un buen rato de pie a su lado , sosteniendo su mano la misma que tiene un lunar en su dedo índice idéntico al que yo tengo, su mano esta algo fría así que la froto, tratando de darle un poco de calor y que sienta que está con nosotros…        Las horas han volado, nos despedimos y mi madre suelta una que otra lagrima, luego de haber cenado todos juntos allí en la habitación, decidimos partir, es necesario descansar y mañana volveremos ya que debemos ir a comprar todo para el nuevo año escolar, las cosas de Alejandra, las mías y las Dan, mi padre se negó rotundamente a ceder frente la insistencia de Rodrigo en esperar y no adquirir  nada de lo que necesitaríamos…        Llegamos a la casa en total silencio, Alejandra me dice que dormirá conmigo y yo acepto no si antes voltear a ver a Rodrigo, me odio por darle el gusto de verme humillada a su mando, «sumisa» como dice él a sus órdenes, pero es mejor mantener la fiesta en paz, he notado que si me mantengo así, él cede y me deja tranquila. Con un leve asentimiento de su cabeza sé que está de acuerdo a que ambas durmamos en la misma habitación, para mí es un alivio ya que eso podría significar que esta noche no tendré que ir a la suya.   Hemos puesto una película y he bajado a la cocina a preparar unas palomitas para microondas, Ale me espera en mi habitación mientras pone en orden la lista de todo lo que necesitaremos comprar mañana, también Rodrigo nos ha dado la lista de las cosas que llegaran de las haciendas.        Veo a través de la venta de la cocina hacia el patio la noche oscurece la mayor parte del mismo por lo que no se nota los rosales de mamá, dejo escapar un suspiro y me volteo hacia el microondas justo cuando su ¡Din! Me indica que están listas las palomitas de maíz, me quedo petrificada al ver a quien tengo en frente y un vacio se instala en mi estomago y siento como empalidezco, el maldito Rodrigo está a escasos pasos recostado de la barra solo con un pantalón deportivo su cuerpo totalmente brillante por el sudor su cabello totalmente recogido y su respiración alterada debido al evidente ejercicio que ha hecho.        Me quedo inmóvil y no encuentro el movimiento en mis piernas. Su mirada fija en mí, me llena de escalofríos. Una sonrisa aparece en su rostro y con pasos firme pero lentos se acerca un poco más a mí, mi corazón late muy fuerte y temo se escuche en toda la cocina pero sobre todo que él lo oiga. Trato de mantenerme calmada pero es difícil, cuando se encuentra cerca del microondas y de mí, abre la puerta de este y saca la bolsa de papel que contiene las cotufas, me tenso al verlo abrirla y tomar algunas y colocarla de manera casual pero lenta en su boca y masticarla con tranquilidad exagerada. —Mmm, están perfectas —dice, sin apartar su mirada de mí—, dime algo, Dani, hablaste con el tipejo ese de Braxton… —de inmediato asiento repetidamente— ¿y le dijiste que ya no podría seguir buscándote? —asiento nuevamente. »Contéstame, Dani, quiero estar seguro de que me dices. —Si… si, ya le he dicho todo lo que querías… —Bien —me interrumpe alzando su mano en señal de que no continúe, se voltea y sirve las palomitas en el tazón donde ya se encuentra el contenido de otra bolsa, toma otro puño y esta vez las mastica con más ímpetu —No te desveles, Daniela, mañana saldremos a comprar lo que falte en la casa, y en la tarde vendrán varias personas para entrevistar para que ayuden con los quehaceres de la casa y nos cocinen, quiero que ustedes elijan a las personas. —Está bien —digo apresuradamente y tomo el envase con cotufas de las manos de Rodrigo, quien antes de pasar por su lado me detiene por mi antebrazo suavemente. De verdad preferiría que su trato fuera cruel y así poder justificar todo esto, pero es peor cuando me mira con esa mirada de deseo y hasta de ternura que enloquece mi cerebro, podría pensar que de verdad el estar conmigo lo hace feliz. Sacudo mi cabeza de pensamientos tan absurdos y me concentro en lo más importante huir de su lado.   —A las ocho estén listas, desayunaremos afuera… —asiento aceptando sus indicaciones— Daniela, mañana retomaremos tú enseñanza, hoy te dejaré compartir con tu hermana, pero mañana no se pospondrá para nada la clase —dice mientras se acerca y con el dorso de su mano acaricia mi mejilla —no olvides los zapatos —me susurra.        Mientras se voltea y sale caminando sin ningún apuro de la cocina, maldigo para mis adentros porque tendré que esperar a que termine de subir y así evitar encontrarlo de nuevo, pero esta noche deseo con todo mi ser que no llegue el ¡CORTEN!     Y no pasar a la ¡SIGUIENTE TOMA! , por primera vez quiero quedarme en este momento de mi vida, en una noche segura al lado de mi hermana y sintiéndome totalmente segura.
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