Acto 18

862 Palabras
*** Nota de Autor: Capítulo sin Editar, disculpen los errores... lo editaré pronto. Daniela Camino hacia la cocina y dejo escapar un largo suspiro, limpio algunas lágrimas de mi cara y miro a todos lados, yo no tengo apetito, pero sé que Alejandra si lo tendrá o quizás no, pero ella es más pequeña y me preocupo por ella, así que con algo de malestar y quizás para evitar pensar en todo lo que podría pasar, me dispongo a preparar algo que le guste y así animarnos los ánimos un rato, no puedo dejar que ella se entere de nada , porque ella no debe cargar con las penas de otros. En la nevara encuentro pan y pollo horneado «Mamá siempre previendo comida lista» niego con mi cabeza alejando mis pensamientos, pico algo de pollo y lo caliento en el microondas , luego lavo y corto algunos tomates y lechuga, agrego salsas y a medio camino de preparar el sándwiches me da algo de hambre, con dudas saco más pan y lo preparo , frito dos huevos y tiras de tocineta, agrego estos al pan junto a rebanadas de queso y jamón, finalizando con un poco de salsa de maíz dulce, los hago de tres pisos iguales cada uno y recojo rápido la cocina, tomo un par de gaseosas y subo a la habitación de la niña, abro despacio y la veo parada mirando por la ventana. Cuando se hace consciente de mi presencia da un respingo, me da una sonrisa triste y se apresura ayudarme, se que a pesar de todos comeremos. Nos sentamos en su cama, antes de subirme y acomodarme paso prestillo a la puerta y encendemos el televisor, algunos dibujos animados se ven y entonces comenzamos a comer en silencio, algo pesado como si hubiera algo latente en el ambiente que supiéramos en lo muy profundo de nuestro cerebro y que no diremos ninguna de las dos. —Gracias, esta muy bueno— dice mientras vuelve a dar un mordisco a su pan. —De nada niña, cómelo todo, mañana podremos ir a ver a Dan, así que nos levantaremos temprano, hay que hacerle café a mamá, sabes que ella no le gusta sino el «hecho en casa» — ambas reímos mi madre es una mujer que no le gusta que le preparen el café de otra manera sino es la suya, allí no hay quien le gane en terquedad. — ¿Estará bien verdad? — me pregunta dejando su pan sobre el plato. —Sí, se que esta muy golpeado, pero lo siento aquí — coloco la mano sobre mi pecho a nivel de mi corazón — él se recuperará y estará con nosotras nuevamente. —Lo amo, de verdad. Yo, los amo a ambos— dice con su mirada humedad, yo le sonrío débilmente y le tomo las manos. —Y nosotros a ti, ¡eh! que eres nuestra hermanan pequeña. —No digas eso, solo nos llevamos dos años. No puedes decir que soy pequeña. —Bien, eres gigante — ambas reímos y terminamos nuestra cena. Para cuando terminamos nos quedamos en la cama mirando hacia el televisor, sin nada que decir, sin mirar realmente. No sé en que momento me quedo dormida, creo que el estrés y el llanto han hecho su trabajo y lograron hacerme dormir, aunque un sueño inquieto me despierta, acalorada me volteo y veo Alejandra acurrucada boca debajo de su lado, la miro dormir tan pasiva y ajena del mal que nos rodea que siento que es mi obligación mantenerla a salvo y alejada, quiero que ella se sienta segura y que no pase nunca por el miedo que yo viví hace pocas horas atrás. Mis pensamientos son un remolino, se enredan unas a otras, entre el deber ser y lo que es, me debato entre evitar obedecer a Rodrigo o en acudir aterrada a cumplir sus ordenes, pienso en Tayler y caigo en cuenta que no lo he llamado, pero tampoco traigo conmigo el celular, busco el de Ale y esta en su bolsillo lo saco con algo de trabajo, ella se remueve y trato de no despertarla, no quiero que sepa que me ausentaré dentro de poco. Miro la pantalla «Maldición esta bloqueada» maldigo mentalmente se encuentra bloqueada y no podre usarlo, me quedo pensando que hacer y la foto en el fondo de la pantalla del móvil me  causa ternura, un cálido sentimiento me invade y el deseo de protegerla para que ella pueda amar tranquila se apodera de mi por completo, En la foto Jaylor se encuentra detrás de ella abrazándola mientras le da un beso en la mejilla con su boca en trompa y con un brillo en los ojos intenso, ella sonríe y el mismo brillo se evidencia en su mirada. Coloco nuevamente el teléfono en su bolsillo, y me paro frente la ventana, el reloj marca las once y los grillos, la luna y la brisa fría de la noche me saludan delante de mi vista. Veo la soledad que hay alrededor y siento que esto es lo que me prepara el futuro, estoy anclada a una situación que ni yo he propiciado.
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