El salto inicial fue un choque de titanes. El balón subió al aire, y Travis lo capturó con una agilidad que arrancó gritos de la afición. —¡Vamos! —rugió mientras corría a toda velocidad hacia el aro contrario. Primer cuarto, minuto tres. Travis esquivó a un defensa con un drible cruzado, otro con un giro sobre su eje y, sin pensarlo, clavó un mate que hizo vibrar todo el tablero. El público explotó en ovaciones, y el narrador gritó su nombre como si fuera un héroe de guerra. El rival contraatacó, pero Travis estaba en todas partes: interceptaba pases, daba asistencias quirúrgicas y sumaba puntos como si tuviera un imán con el aro. En el segundo cuarto, la defensa contraria empezó a endurecerse. Un jugador lo bloqueó con tanta fuerza que cayó al suelo, pero Travis se levantó de inmedia

