El espacio estaba decorado con guirnaldas de luces cálidas colgando entre los árboles, velas flotando en pequeñas linternas de papel sobre el agua, y música suave saliendo de unas bocinas discretas. Algunos estudiantes ya bailaban, otros reían cerca del buffet, y la brisa nocturna movía las hojas con un murmullo encantador.
Travis y Hana caminaban uno al lado del otro. No se habían dicho mucho desde que salieron de la cabaña, pero sus manos se rozaban cada tanto. Como si el destino estuviera jugando con ellos.
De pronto, la música cambió.
Una canción lenta. Sensual. Con notas de piano y violín que parecían decir “ya es hora”.
—¿Bailas? —preguntó Travis, girándose hacia ella y extendiendo la mano.
Hana alzó una ceja.
—¿Estás seguro? Podrías salir herido.
—Ya sobreviví a un cuchillazo… bailar contigo no puede ser peor.
Ella sonrió, apenas, y puso su mano en la de él.
Travis la llevó al centro de la pista. Sus manos se acomodaron en automático: una en su cintura, la otra entrelazada con la suya. Hana posó la mano libre sobre su hombro.
—Te ves…
—No digas sexy, Blake, estoy vigilando ese vocabulario.
—…increíblemente poderosa —corrigió él con una sonrisa pícara.
La música los rodeó. Los movimientos eran lentos, suaves. Travis la miraba con intensidad. Hana mantenía su rostro sereno, pero sus mejillas estaban levemente rosadas.
Él bajó un poco el rostro, hasta casi rozar su frente.
—No sé qué diablos tienes, Hana… pero estoy perdido.
—Tal vez deberías encontrar el camino de regreso.
—¿Y si no quiero?
—Entonces sigue bailando.
Y lo hizo.
Sus cuerpos se acercaron más. No era el típico baile tierno de adolescentes. Había tensión. Había fuego contenido.
Él la hizo girar con delicadeza y, al volver a atraparla, sus cuerpos se rozaron de más. Hana lo miró con los ojos brillantes.
—No te emociones, Travis Blake. Esto es solo una danza.
—¿Y si yo quiero que sea un principio?
Ella no respondió. Solo lo miró.
La canción llegó a su fin. Pero ellos no se separaron.
El siguiente tema comenzó… y aún seguían allí, inmóviles, con los ojos fijos el uno en el otro. El mundo alrededor se desvanecía.
Y en ese instante, los dos lo supieron.
Algo se había roto.
O más bien, algo se había abierto.
El primer paso.
El ambiente seguía brillante, mágico, cálido. La canción lenta se había terminado, y Hana se había alejado unos pasos para tomar aire. Travis se quedó de pie, observándola desde la pista, con una sonrisa boba en la cara, completamente idiotizado.
—Uy, Blake… —dijo Diego a su lado, dándole un codazo—. Tenías esa mirada de "ya firmé el acta de matrimonio".
—Cállate.
—¿La luna de miel en París o en Las Bahamas?
Travis no alcanzó a responder. Porque en ese momento, entró en escena un nuevo jugador.
Un chico alto, guapo, con el pelo revuelto y sonrisa de modelo. Iba vestido de n***o con un saco rojo vino que destacaba en la oscuridad. Era nada más y nada menos que el capitán del equipo de fútbol americano, el mismo con el que Travis había visto a Hana conversando días atrás.
El tipo caminó directamente hacia ella.
Ella lo notó y sonrió de forma educada.
—Vaya, pensé que no vendrías —dijo Hana.
—¿Y perderme la oportunidad de bailar contigo? Ni loco.
Travis apretó la mandíbula.
El sujeto extendió la mano.
Hana vaciló por una milésima de segundo, pero la tomó.
La música comenzó de nuevo, un ritmo más animado, un poco más coqueto. Y el muy maldito… sabía bailar. Travis lo vio girarla, sonreírle, decirle algo al oído. Hana se reía. Se reía. ¡SE REÍA!
—¿Todo bien, Blake? —preguntó Lucía, apareciendo con dos vasos.
—Perfecto —respondió él, con una tensión en la voz que hacía crujir el aire.
—¿Quieres que vaya y le diga que se me rompió un tacón y necesito ayuda?
—No. No, déjala.
Pero no podía.
No podía quedarse quieto.
Ver cómo ese tipo la hacía reír, cómo la tomaba de la cintura con confianza, como si fuera suyo… No.
Entonces, Travis se levantó.
—¿Qué vas a hacer? —preguntó Diego.
—Reclamar lo que es mío.
Caminó directo hacia la pista. Su presencia se hizo notar. Algunos chicos se voltearon a verlo. Las chicas suspiraron al verlo con ese paso decidido. Hana alzó la mirada y lo vio venir.
El futbolista apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Travis interrumpió el baile.
—¿Me permites? —le dijo a Hana, sin apartar la mirada del otro tipo.
Ella alzó una ceja.
—¿Estás interrumpiendo un baile?
—Estoy interrumpiendo una provocación.
El futbolista se rió.
—Tranquilo, hombre. Solo estábamos bailando.
—Sí. Pero ya tuvo suficiente.
Hana entrecerró los ojos.
—¿Suficiente para quién, Blake? ¿Para ti? ¿O para mí?
Travis la miró fijo. Su voz bajó.
—Para los dos. Porque si te sigo viendo bailar con él, no respondo.
Silencio.
La tensión era tan espesa que se podía cortar con un cuchillo.
Finalmente, Hana suspiró, le devolvió la mano al capitán y se giró hacia Travis.
—Solo porque me debes otra canción.
Y se fueron al centro de la pista.
Mientras bailaban, Hana murmuró:
—Te ves ridículo cuando estás celoso.
—Y tú preciosa cuando te haces la que no sabe lo que me provoca.