Elliana.
Después de una madrugada de fiesta me siento sobre la silla de madera cómodamente para tener un rico almuerzo. Me he levantado para comer algo y luego quedarme un tiempo dentro de la bañera...
Mi sorpresa fue que llegando al comedor todo estaba servido porque una de las modelos que trabaja conmigo me ha pedido asilo, todo porque se ha quedado sin dinero… Ah, eso se lo busca porque la pendeja se lo da todo al mantenido que tiene por novio, si pudiera ya lo hubiese eliminado, ya que ese tipo de ratas no se necesita en este mundo.
Por ahora me estoy quedando en un pequeño apartamento que compré hace años, bueno, soy un poco modesta, es un pequeño apartamento para mí, pero para muchos es un lujoso apartamento.
Dejando a un lado mi almuerzo me levanto del comedor al escuchar que el timbre no deja de sonar y sonar, Regina tuvo el intento de levantarse de la silla, pero yo me adelanté y le dije que se podía poner cómoda.
Apresuro mis pasos y en solo minutos me encuentro en la puerta principal. Giro la manija.
—Lewi —me quedo estática al ver que la persona que está frente a mis ojos es el hombre que me tiene comiendo de su cuerpo.
—No fue difícil encontrarte primor —su rostro es de mucho asombro al ver alrededor del apartamento, ¡es un pequeño Penthouse!—. ¡Qué gustos los tuyos, víbora!
Respira… Respira… Respira y ahora mátalo a besos, aunque sabes que no lo puedes hacer porque está Regina a unos metros de ti y tienes presente que ella y nadie de los que te rodean en el modelaje saben que conoces a un hombre robusto, lleno de tatuajes y esta que se come solo el maldito.
—Vete a la mierda —espeto.
—Shhh… Eres una mujer con mucho mal humor, deberías decirle a tu amigo de noche que te deje terminar como unas cinco veces o no me digas que no puede hacer una simple tarea —él me detiene en el momento que tenía las intenciones de cerrarle la puerta—. No te molestes víbora, he venido con la intención de que sepas que nena tiene…—susurra.
¡Lo quiero matar!
—Que te vayas a la mierda —vocifero con ímpetu.
Intento tirármele encima, pero me detengo al escuchar los pasos de la chica que había quedado en el comedor. Me pongo alerta y en milisegundos puedo ver que Regina viene hacia mi dirección.
Actúo rápidamente tomando la camisa del imbécil, lo jalo hacia dentro del apartamento para luego cerrar la puerta y antes que Regina me vea llevo al imbécil de Lewi a mi habitación. Como si fuese un milagro llego a la habitación sin que Regina me pueda ver.
Dejando al imbécil detrás de mí, intento abrir la puerta para asomarme. Miro por la apertura de la puerta y me tapo la boca al ver que Regina quiere intentar entrar. Mi respiración se agita y el maldito sonríe detrás de mí.
Abro mis ojos al sentir cómo pasa su mano por mi cintura y me acerca a él. ¡No me provoques Lewi, no me provoques!
Lo veo de reojo y no hablo, aunque tengo intenciones de tirármele, lanzármele en sus labios y desnudarlo de una vez.
—Aprovecharé este único momento —musita y mi piel automáticamente reacciona—. ¿Por qué me ocultas? —susurra mientras pasea su boca por mi oreja—, no te ilusiones conmigo, solo he venido porque he incrustado un chip en el cráneo de la nena.
Me quedo boquiabierta, pasmada, alucinada. El maldito me quiere provocar, pero al mismo tiempo me baja de las nubes. Sin dejar de provocarme saca su lengua húmeda, la pasa por el lóbulo de mi oreja y, finalmente, me da un leve y dulce mordisco… ¡Maldito!
No me muevo. ¡No puedo respirar! Me gusta sentirlo, me encanta que se aproveche.
Al ver que mi respiración se agita, vuelve a sacar la lengua. Siento como su mano me aprieta el trasero y deseo comérmelo, quiero que no me caliente como un microondas, quiero que se apodere de todo mi cuerpo.
No puedo más... No puedo más… No puedo más.
Con mucho cuidado cierro la puerta. Sin decir ni una sola palabra lo empujo hasta apartarlo de mi cuerpo. Doy media vuelta, quedando frente a él, penetro mi mirada sobre sus ojos cargados de lujuria.
Sin dejar de verme de arriba hacia abajo decide retroceder, pero con la mirada siempre frente a mí. ¿Qué es lo que ve tanto?, jamás había visto a una mujer en pijama o mejor dicho en un baby dolls no tan provocativo.
—Me puedes explicar qué es lo que estás haciendo aquí, dime de una vez si me darás lo que quiero o solo has venido a calentarme, ya que si es eso no lo permitiré porque no pienso descargar con una mujer todo lo que provocas —exijo y siento que mi paciencia se está acabando—, y lo de esa estúpida siento que estás siendo un poco blando, de mi parte la hubiese eliminado en pedazos.
—No… Sabes que no podemos tener nada, pero no creo que sea malo que te vea un poco —niega con la cabeza.
Pasea su mirada en mis piernas y puedo detectar el morbo en su mirada, aunque se niegue. Ese morbo que me enciende y me hace perder la cabeza. Con solo ver esa mirada ya sé lo que quiere, lo que desea y lo que anhela. Con una sonrisa maliciosa, me subo sensualmente el pequeño vestido baby dolls n***o hasta despojarme de él lanzándolo al otro extremo de mi posición, quedándome con una pequeña braga caladita, y mis tetas quedan expuestas.
Él pasea su boca por la mía y me pide que no diga ni una sola palabra porque se arrepentirá luego.
Sus manos recorren mis muslos posesivamente y con desespero. Mi respiración se acelera, mi cuerpo se enciende y, cuando siento como esas manos se desplazan hacia la cara interna de mis piernas, cierro los ojos y jadeó como una loca.
Él sonríe… Y yo sonrío perdida de todo lo que mi cuerpo siente, doy un pequeño salto y entrelazo mis piernas en su cadera, y mis manos se aferran a su cuello. Sin prevenirlo siento como sus dedos hacen a un lado mis bragas, luego sus dedos entran como un ladrón profesional, separando los labios de mi v****a y los introduce en mi interior.
Cierro los ojos de lo excitada que me siento. Este juego es morboso, caliente y apasionado.