*** —¿Puedo saber que haces con él? —sin esperarlo la mano de Emmanuel se posa en mi brazo, estrujándolo y jalándome hacia él. Está agresivo, jamás en mi vida lo había visto así, está cegado por los celos y puedo comprenderlo y por eso me siento culpable. ¡No sé qué hacer!, no me gustaría ver como Lewi lo mata. —Bienvenido —mantengo mi voz firme, ocultando lo que siento en verdad—, ¿dónde está mi bebé? —Lo voy a matar que se cree para tratarte de esa forma, está en mi casa —en ese momento abro mis ojos y el temor se me apodera—, no quiero una guerra porque sabemos que uno de nosotros ganará y por lo que veo, la persona que ganará no serás tú. —No, Lewi, no lo hagas, no vale la pena —me interpongo, me desespero al pensar que puede que uno de ellos muera—, tienes que comprender que ello

