Elliana. ¿Mi? Frunzo el ceño y con mucha curiosidad observo cada expresión de él. Una parte de mí se siente aliviada porque él me ha confesado que me ama, que no tiene las intenciones de irse y dejarme en la nada, eso me dice que tengo que ser una mujer a la que debe aprovechar cada segundo que la vida me da. —Elliana, tienes que salir —me sobresalto, la desesperación de princesa hace que me alerte, imaginándome lo peor—, tenaza está aquí y viene con tu bebé y… —¿Mi hijo está aquí? —cuestiona Lewi con los ojos cerrados. ¿Hmmm? Mis ojos se vuelven hacia él, ¿qué es lo que está diciendo? Me quedo petrificada, no sé qué decir, ¡tengo miedo de preguntar!, pero si me quedo en silencio puede que muera de la curiosidad. —Sí, el pequeño está aquí, tienen que salir porque al parecer la cabez

