Al salir de la bodega y lejos de la vista de esos individuos sin querer mis lágrimas empiezan a escaparse, me detengo en seco, llevo mi mano hacia mi boca, obligando a luchar conmigo misma. —Elliana —volteo a ver al escuchar la voz, sin prevenirlo se abalanza a mis labios, me quedo petrificada porque no siento que es momento que él me bese—, por favor…—suplica, cierro mis ojos y me permito seguir el beso. ¡Hmmm! Es un beso apasionado lleno de dulzura, pero es algo que no me llena en estos momentos. Apasionadamente, muerde la comisura de mis labios, me detengo y lo empujo. Él me observa y puedo notar sus ojos oscurecerse y ver ese brillo en sus ojos, su respirar se acelera cada vez más, como si fuera corrido un maratón. —No creo conveniente que hagamos esto después de escuchar que padre…

