CAPÍTULO 63.

3176 Palabras

Cuando el teléfono sonó esta mañana y vi el nombre de Grecia en la pantalla, mi primera reacción fue sonreír. Había pasado un tiempo desde la última vez que hablamos a solas, y aunque siempre supe que ella estaba bien, me alegró escuchar su voz. Sin embargo, bastaron unos segundos de conversación para notar que algo no estaba del todo bien. Su tono era distinto, más tembloroso, como si algo la inquietara, pero tratara de ocultarlo detrás de frases triviales. Me preguntó cómo estaba, si seguía trabajando mucho, y si Azrael y yo habíamos hablado, y aunque su pregunta fue ligera, había algo debajo, una sombra, una intención más profunda. Así que, casi sin pensarlo, le propuse vernos. Le dije que almorzáramos juntas, que necesitábamos ponernos al día. Ella aceptó enseguida, y su voz sonó alivi

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