La primera sensación que me invade es la sequedad en la boca, como si hubiera tragado arena. Intento humedecer mis labios con la lengua, pero apenas logro moverlos. Es como si todo mi cuerpo se negara a obedecerme, protestando con cada leve impulso que mi mente le ordena. Abro los ojos un instante, un parpadeo torpe, y las luces me hieren con su blancura inclemente. El recuerdo del SUV girando sin control me golpea de inmediato. Mis gritos ahogados, el estruendo del metal y el olor a gasolina y humo. Veo fragmentos dispersos del rostro de Azrael desdibujado por el movimiento, mis manos inútiles intentando aferrarse, el mundo rodando sin sentido hasta fundirse en un silencio abismal. Un gemido escapa de mis labios cuando intento moverme. El dolor en mis costillas es insoportable y punzant

