La música llena el salón como una ola cálida, vibrando en cada rincón, en cada copa que tintinea, en cada carcajada que estallaba sin medida. El olor a comida recién hecha aún impregna el aire, mezclándose con la dulzura del licor que corre libremente entre nosotras. Yo no puedo beber y lo acepto, pero eso no me impide dejarme arrastrar por la corriente de alegría que me rodea. Hay algo mágico en estar aquí, en este instante, rodeada de tantas mujeres unidas por un solo motivo. Celebrar la despedida de soltera de Vivian. Es su noche. Y yo quiero asegurarme de que nada, absolutamente nada, la empañe. Las luces suaves bañan el lugar en tonos dorados, y las guirnaldas que Taylor había insistido en colgar brillan como pequeñas estrellas colgando del techo. Había globos, cintas y flores fresc

