—Ava, eso no es cierto —mi hermano se interpone—, sabes que eres mi hermanita y que todos te queremos. No, mi padre jamás tuvo igualdad, siempre tuvo y tiene favoritismo. Pero qué raro, supuestamente las niñas son las consentidas, pero esta vez el consentido es mi hermano. “El orgullo del apellido Hamilton”. —No, Harry, deja de poner palabras donde no la hay —niego con la cabeza acompañada de una sonrisa falsa—, ya estoy acostumbrada de defraudar a todo el que se me acerque, ya estoy acostumbrada a que mi propia familia me menosprecie, pero por un Dios ustedes no lograran que odie a mi hermano por el favoritismo que tiene. —Nena, no digas eso —las lágrimas de mi madre hacen que mi corazón se estruje, pero mi rostro no lo demuestra—, te amamos y eres y serás mi pequeña. —Gracias, madre,

