Capítulo 26.

2475 Palabras
Andrea. Dejo caer un puño en el estómago de este hijo de puta. Él intenta doblarse, pero mis soldados lo sostienen. Ya le arruiné la cara. Este soy yo haciendo todo lo posible para no matar al cretino. Actuar y mostrar mi ira, luego haz preguntas. Y tengo preguntas para este pequeño cretino. —Detente...—dice Jacob. Tristan me lanza una mirada severa. Andreas y Dominic, sin embargo, están de mi otro lado y parecen estar a favor de la paliza. ¿Cómo mierda se supone debo actuar después de esa pequeña exhibición? En circunstancias normales, habría hecho estallar una bala en la cabeza de este cabrón allí mismo, en la iglesia. Por supuesto, no lo hice por ella... Caterina. Y maldición joder, el padre De Lucca nunca me ha visto matar antes. No estaba dispuesto a acabar con este tipo en un terreno sagrado con todo el mundo mirando. Llevarlo a la parte de atrás es un poco mejor, pero sigue siendo malo. —¿Detenerme? ¿En serio?—rujo y saco mi arma. Le pego en el lado de la cara con la parte posterior. Al instante, la piel se agrieta y la sangre le corre por la mejilla—. Tú maldito hijo de puta. Parece que no sabes quién soy. O tal vez tengas deseos de morir. ¿Crees que puedes irrumpir en mi boda y hacer esa mierda como la que hiciste y vivir para contarlo? Joder, no. —Me elevo ante su cara. Él se estremece. Tengo que darle crédito a este tipo. Quizás tenga más pelotas que yo. Después de todo, él declaró a gritos su amor por mi esposa, para que todos lo escucharan. —No me importa quién eres, Andrea Martinelli—me responde a través de la sangre que le corre por los dientes—. Mátame si quieres. Todo lo que me importa es ella. Este matrimonio no fue real. Te la llevaste y aplastaste sus sueños. Se suponía que ella estaría en Florencia, no aquí en este día, casándose contigo. Lo golpeo de nuevo, pero esta vez, lo golpeo porque tiene razón. Le chorrea más sangre y comienza a jadear, pero me mira de frente. No sé qué me enfurece más. El hecho de que ama a mi mujer, o de que la ama tanto que está dispuesto a ponerse en peligro y morir por ella. —¿Crees que eres valiente?—pregunto. Es una pregunta inútil. —No me importa. Ella está en peligro, y cuando el peligro llegue, os alcanzará a todos. Tu sindicato no podrá hacer nada contra las personas que vienen por ti. Morirás y no quiero que ella caiga contigo. —¿De qué estás hablando? —Este cabrón sabe algo. Algo que le hizo arriesgar su vida para intentar salvar a Caterina. —Encuentra tu propia información—me grita, tratando de patearme. Acepto la patada para poder lanzarme sobre él. Los guardias lo dejan caer cuando lo hago y le doy un puñetazo en la cara. Tengo la intención de darle una paliza, pero me contengo. Dios, ¿alguna vez me contuve? No puede decirme lo que necesito saber si lo estropeo demasiado. En cambio, agarro su cara y sostengo su mandíbula para que pueda mirarme a los ojos y ver que hablo en serio y necesito saber lo que sabe. Puede actuar de forma atrevida si quiere, pero veremos lo que dice cuando le rompa la maldita mandíbula por meterse conmigo. —Escúchame, pequeña mierda—comienzo y aprieto los dientes —. Dime lo que necesito saber ahora mismo. Si amas a Caterina como dices que lo haces, me lo contarás todo. Dímelo para que pueda protegerla. Debe ser un milagro lo que cae sobre nosotros, pero sus ojos se suavizan un poco y parece menos inflexible en aferrarse a la información. —Los miembros del Círculo de las Sombras están aquí—dice él, lo cual es suficiente. No necesito mirar a mis hermanos para saber que se han puesto tensos ante la mención del grupo—. Había un tipo. Un tipo ruso. Estaba hablando en un bar en el metro. Escuché una conversación que no debería haber escuchado. —¿Como se veía él? —Cabello largo y n***o y un tatuaje en su rostro de una serpiente, la cresta de fuego de las Sombras tatuada en su mejilla. Vlad. —¿Que dijo él?—le exijo. —Dijo que recuperará lo que le robaste—responde Jacob. Libero a Jacob y entrecierro los ojos. ¿Qué mierda me está diciendo? ¿Robar? ¿Yo? No he robado una mierda. —No le he robado nada—digo con voz ronca. —Él parece pensar que sí. Dijo que lo recuperará y que se complacerá en matarte a ti, a tu familia y a cualquier persona vinculada a ti cuando el plan esté completo. Dijo que puedes buscarlo todo lo que quieras. No lo encontrarás, pero vendrá a buscarte cuando esté listo. —¿En qué bar estabas?—le pregunto. —The Crow. Lo he visto allí tres veces hasta ahora. Aprieto los dientes con fuerza. El maldito bar es un lugar en el que he estado dos veces desde que nos enteramos del regreso de Vlad. Nadie sabía nada, pero Vlad había estado allí tres veces. Mentiras. Ellos pagarán por eso. —¿Cuándo fue la última vez que lo viste? —Anoche. Miguel, el dueño, estaba hablando con él—explica Jacob. Me paro y miro a Jacob. Me mira como si no supiera qué esperar. Mis hermanos están haciendo lo mismo. Lo que voy a hacer es completamente inesperado. —Vete a la mierda de aquí y desaparece. No le digas una mierda a nadie. Esta conversación nunca sucedió. Ahora me mira como si no pudiera creer que no lo haya matado. Él se pone de pie y sigue mirando. —¿Qué vas a hacer? Sabes que esos hombres están por encima de ti. Son asesinos que trabajan de manera diferente. Demasiado fuertes incluso para el sindicato. —No te preocupes por mí. —Caterina ... ¿qué hay de ella? —Sus cejas se fruncen. Una sonrisa cruel levanta las comisuras de mi boca. —Mi esposa no es de tu incumbencia. Ella ahora es mía, y si te vuelvo a ver, estás muerto. Y también lo estará cualquier otra persona que te importe. —Sus ojos se abren de par en par cuando digo eso. El tonto nunca pensó en su familia—. Considérate afortunado por faltarme el respeto y ser el único hombre que se ha marchado con vida. Ahora vete. Definitivamente él tiene suerte. Por suerte, mis sentimientos por Caterina son tan fuertes que no podría herirlo más de lo que lo hice. Jacob sabe que no debe decirme más mierda. Lo miro mientras se aleja cojeando. Me vuelvo hacia los guardias una vez que dobla la esquina del callejón y ya no puedo verlo. —Salgan de mi vista y asegúrense de que mi esposa esté a salvo —les ordeno. Esposa… Ahora tengo esposa. Y qué manera de comenzar nuestro matrimonio, con otro hombre diciéndole a la única mujer a la que me he acercado que la ama. Y esta mierda. Los guardias se mueven y yo me vuelvo hacia mis hermanos. Todos parecen dispuestos a matar. Pa se quedó atrás para irse a casa con Caterina. Ojalá él estuviera aquí ahora. —¿Qué demonios podría pensar Vlad que le robaste?—pregunta Tristan. —No lo sé, joder—respondo. No puedo pensar en qué diablos podría ser—. Necesito encontrarlo. —Hemos buscado a ese cabrón por todas partes—añade Andreas —. ¿Qué mierda está planeando? —Sea lo que sea, no se suponía que supiéramos que está vivo— digo, tragando saliva—. Entonces Pierbo lo vio. Sabe que lo estamos buscando y la razón por la que no lo podemos encontrar es por este plan. Él tiene ayuda. Personas que pueden ayudarlo a mantenerse oculto. —¿Ahora qué? Si nadie habla, significa que no nos tienen suficiente miedo—dice Dominic. Mi sangre se calienta. Ya conozco la respuesta a eso. Siempre es lo mismo. Ser despiadado y desalmado. —Creo que es hora de arreglar eso y sabemos por dónde empezar. —The Crow. Doy la vuelta y camino por el callejón. Mis hermanos me siguen. La sangre manchará las calles antes de que se ponga el sol. Entro a la casa con manchas de sangre por toda la cara. Es tarde, cerca de las nueve. Pa sale de la sala de estar luciendo preocupado. Le envié un mensaje antes para hacerle saber lo que estaba pasando. Priscilla sale de la cocina y se detiene en seco cuando me ve, después se da la vuelta en su forma habitual para agarrar cosas para limpiarme. En silencio, regreso a la habitación con mi padre y me quito la camisa. —¿Estás bien?—me pregunta. —No. Maldición ni un poco. No tengo nada. —Nada más que la sangre del dueño de The Crow en mis manos y un montón de personas que huyeron. No pueden hablar y escapan. No los culpo. Muchos habrían recibido amenazas a la vida de sus familiares si hubieran hablado. —Mantente enfocado, hijo mío. Concéntrate en lo que necesitamos. Todo lo que podemos hacer es mantener los ojos abiertos y mirar a nuestro alrededor. —Sí. —Es irónico. Pensé que tomar a Caterina y joder a Riccardo no me haría sentirme inútil, indefenso o impotente. Ésta es la primera vez que lo siento de verdad. —Pa, no puedo quedarme sentado y esperar. —No, claro que no, pero tampoco puedes volverte loco vigilando. Tienes que mantener la calma y concentrarte. Paso una mano por mi cabello y pienso en Caterina. —¿Como está ella? Pa suspira. —No bien. Creo que deberías ir con ella. —Lo haré. Priscilla entra con un cuenco de agua tibia y algunos trapos y nos deja. Empiezo a limpiarme la sangre. Voy a tomar una ducha larga, pero primero quiero ver a Caterina. Y no quiero que ella me vea con evidencia de muerte en el cuerpo. Lo primero que pensará es que le hice algo a Jacob. —Me largo. Llámame si pasa algo. Perdón por la mierda de hoy, hijo mío. —Pa apoya una mano tranquilizadora en mi hombro. —Gracias. Al menos sé más de lo que sabía ayer. Pa asiente y se va. Subo las escaleras y me preparo para una discusión con Caterina que no quiero. Cuando entro, ella está exactamente en el lío en el que esperaba que estuviera. Todavía está vestida con su vestido de novia y está sentada en la esquina de la habitación con la espalda contra la pared. Las lágrimas han hecho que el maquillaje corra por su rostro. —¿Lo lastimaste?—pregunta ella. Retraso la respuesta, lo que a ella le duele aún más. No me gusta lastimarla, pero ¿y yo qué? ¿Cómo diablos se supone que me sienta por Jacob? No estoy convencido de que ella no sienta nada por él. Mírala. Hecha un desastre por… ¿qué era él? Un amante potencial. Simplemente llegué allí primero. —Andrea—llora ella. Su voz me atraviesa. —No lastimé a tu pequeño noviecito, Caterina. Quería hacerlo, pero no lo hice. En lugar de matarlo por atreverse a meterse conmigo, lo maltraté un poco y lo envié alegremente por su camino. —Ojalá mi voz no tuviera tanta emoción. —¿Lo maltrataste un poco? ¿Qué le hiciste? ¿Qué significa eso? — Ella parece descontrolada. —No le falta ningún diente. —Ella no sabe lo afortunado que ha sido su amigo, porque si lo supiera no me presionaría. Sus manos están en puños a los lados. —Eres un idiota. ¿Qué te pasa? Veo rojo. Ese es el color que veo ante mí, y es la primera vez que me pasa con ella. No sé cómo puede preguntarme esas cosas. —¿Qué diablos esperabas que pasara? ¿Crees que lo que hizo estuvo bien? —Lanzo mi respuesta. —No, no estuvo bien. Por supuesto que no estuvo bien. ¿Pero tuviste que darle una paliza? Él es mi mejor amigo. Dios, no puedo hacer esta mierda con ella ahora mismo. —Corrección, es tu antiguo amigo. No volverás a ver a ese hijo de puta nunca más. —No puedes decirme qué hacer—discute conmigo. Parece que definitivamente se olvidó de cómo funcionan las cosas. —Sí, puedo. La última vez que lo comprobé, soy tu dueño. Eres mi esposa, Caterina, y no me faltarás el respeto con este tipo. Bueno ya veremos cómo te gusta cuando cambien las cosas. Sus ojos se agrandan. Sé que fui un idiota por decir eso, pero ahora mismo, no me importa. Traté de aprender a ser amable con ella y no está funcionando, así que jugaré duro. —¿Cuándo?— pregunta—. ¿Cuándo cambiarán las cosas, Andrea? Bien... deja que se preocupe de que vaya a engañarla. Pero la maldita broma es para mí. Incluso si quisiera, no podría engañarla. Pero ella no necesita saber eso. Ella puede cocinarse a fuego lento con sus pensamientos. Estoy demasiado lleno de rabia y de celos para estar cerca de ella, así que me doy la vuelta y me alejo. Antes de llegar a la puerta, escucho que algo se rompe. Me doy la vuelta y veo que ha estrellado un jarrón contra la pared. —¿Adónde vas?—me exige, pero no respondo—. ¿Vas a ir con ella? ¿Con Gabriella? Me alejo y cierro la puerta. Una vez afuera, la escucho quebrarse, pero sigocaminando. Paso mi noche de bodas en el club de striptease. En la oficina. Ordeno una pizza y una cerveza y veo películas clásicas hasta que me quedo dormido en el escritorio. El teléfono me despierta temprano al día siguiente. Zumba justo al lado de mi cabeza en el escritorio. Es Tristan. —Hola, hombre—respondo, tratando de no sonar como una mierda. —Hola, tenemos un problema—me responde. Me enderezo. Mis primeros pensamientos van a Caterina. —¿Caterina está bien?—espeto. Es una pregunta estúpida ya que debería estar con ella. —No es ella. Es el chico, su amigo. Está muerto. Se me seca la boca. —¿Qué? —Me pongo de pie, tirando la caja de pizza al suelo. —Bala en la cabeza. Un policía amigo dijo que lo encontraron en el callejón trasero de The Crow.
Lectura gratis para nuevos usuarios
Escanee para descargar la aplicación
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Autor
  • chap_listÍndice
  • likeAÑADIR