Capítulo 28.

1417 Palabras
Andrea. Suspiro con frustración mientras paso por la puerta de mi casa y me quito la chaqueta. Ni siquiera es mediodía, y mi cabeza ya está por todos lados. Los hombres y yo hemos estado en las calles tratando de obtener respuestas y o descubrir alguna mierda. Se está volviendo bastante claro ahora que no vamos a encontrar nada hasta que los problemas vengan a encontrarnos. Incluso antes de que Jacob confirmara que tenía algo de qué preocuparme, ya estaba alterado por Vlad. Entonces Jacob se hizo matar. Es duro pensar en ello de esa manera, pero ¿qué más se supone que debo pensar? Incluso después de que le dije que se fuera y mantuviera su cabeza fuera de la mierda, debió haber regresado a The Crow para fisgonear. Y Vlad lo atrapó. Entro al pasillo y veo a Candace en la sala de estar puliendo los muebles. A veces me duele que no pueda seguir adelante para convertirse en quien se suponía que debía ser. Después de que mataron a sus padres, ella ya no fue la misma. Su familia siempre ha trabajado para la mía de alguna manera, pero se suponía que nunca terminaría en mi casa puliendo nada. Cuando fue a la universidad, vivía aquí, aunque no tenía que hacerlo. Pensé qué dándole una ridícula cantidad de dinero, se iría. Pero no se trata de dinero cuando se trata de ella. Es el miedo a aquella noche. Ella también habría muerto. Ese tipo de miedo te deja con todo tipo de mierda y ansiedad. Eso es lo que le pasó. Ella solo se siente segura conmigo. Su familia siempre nos fue leal, incluso después de que lo perdimos todo. Entonces, ésta es mi forma de ayudarla. Entro y ella me da esa mirada de desdén que ha estado luciendo desde la boda. Inclino la cabeza hacia un lado y la sacudo. Ella me ignora y vuelve a mirar el jarrón que estaba a punto de desempolvar. —¿Puedes dejar de hacer eso, por favor?—le pregunto. —¿Dejar de hacer qué, señor? —Actuar como si fueras mi sirviente. Nos conocemos desde hace demasiado tiempo para ser así. —En estos días, uno podría tener miedo de hablar, podría morir. —Ella todavía no me mira. Me acerco y deja el paño para el polvo. —Candace... di lo que tengas en mente. —Es mejor que no lo haga, Andrea. Preferiría, como de costumbre, guardarme mis comentarios para mí, como siempre lo he hecho. Caterina ha vuelto de ver a la familia de su amigo y no creo que haya ido bien. Tus esfuerzos estarán mejor enfocados atendiendo a tu esposa, no a mí. Mis hombros caen. Esperaba que Caterina encontrara algún consuelo al ver a la familia de Jacob, pero ¿qué esperaba que sucediera? Acaban de perder a su hijo y estoy seguro de que se enteraron de lo que pasó en la boda. Probablemente estén echándome la culpa. Aunque todavía quiero hablar con Candace. Ella está claramente molesta conmigo. —¿Qué está pasando, Candace? Háblame—insisto. —Has cambiado. —Tenía que hacerlo. Ella niega con la cabeza. —Todos tenemos que cambiar, pero eso no significa ir más lejos para ser crueles. ¿Tuviste que ir al club de striptease en tu noche de bodas? ¿No podrías haber ido a caminar o algo así? —No hice nada allí—me justifico, pero sé lo que quiere decir. —Andrea, ver a esas mujeres desnudas puede ser tan común para ti que te parezcan parte del mobiliario. Están ahí en el momento en que entras—me reprende. Reprimo un gemido, recordando el día que tuvo que ir a llevarme las llaves de la caja fuerte. Tenía una reunión de negocios que no podía dejar. Vino, vio el lugar, vio a las mujeres y no me habló durante una semana. Ella sabe que incluso si no hice una mierda, vi lo suficiente. —¿Qué quieres que haga? ¿Mover el escenario? —Le sonrío. Ya me ocupé del asunto del club de striptease. Andrea, eso no tiene gracia. Tu esposa estaba tan horrorizada al descubrir que tienes un club de striptease como al escuchar que pasaste la noche allí. No podría haber estado más disgustada. —Bueno, tal vez te disguste menos cuando escuches que le di el club a Dominic. —Levanto las cejas—. Ayer le tiré las llaves y le entregué el sobre con el título de propiedad. Él está allí más que yo de todos modos. Candace parece visiblemente sorprendida por mi respuesta. —¿Hiciste qué? —Me escuchaste. Ahora luce orgullosa de mí y me da unos golpecitos en el hombro. —Gracias. —¿Por qué? Yo soy el que acaba de perder una cuarta parte de mis ingresos. —Por volver a ser el chico—responde. Sé lo que quiere decir. Se refiere a mí antes de que mamá muriera. Le doy un asentimiento—. Caterina está sentada en la terraza—. —Iré a verla. Tomando aire, la dejo y salgo. Cuando entro por la puerta, una ráfaga de viento levanta mi cabello y huelo a lluvia cerca. Caterina está sentada en la pequeña pared con las rodillas pegadas al pecho. Me acerco a ella y me mira. El sol brilla en su anillo de matrimonio, un recordatorio de que es mi esposa. Un recordatorio de los sentimientos que tengo por ella que me asustan. Me siento a su lado, rozando mi hombro contra el de ella, y ella me ofrece una pequeña sonrisa. Es más por cortesía. Pero dice que al menos está dispuesta a hablar conmigo. —Hola—me dice. —Hola. Candace me dijo que tu visita a la familia de Jacob no fue tan bien. ¿Qué pasó? Ella mira hacia el mar, luciendo perdida. Sus labios tiemblan y su piel se pone pálida. —No me querían allí. Su madre... ella no me quería en la casa. Fue su padre quien salió y me pidió que me fuera. Tenía la sensación de que a él no le habría importado que estuviera allí, pero fue ella. La escuché. Gritaba y lloraba por su hijo. Dijo que era culpa mía que estuviera muerto. —No es tu culpa—le digo. Ella me mira. —Puede que no haya apretado el gatillo, pero él estaba haciendo lo que fuera por mí. Sé que no puedo culparme. Sé que no había nada que yo pudiera hacer, pero me siento muy mal. Ahora su madre me culpa. Ella cree que lo mataste. Les dije que no lo hiciste. —Tú me crees. Ella asiente lentamente. —Nunca me has mentido. —No. No lo he hecho y no empezaré ahora. —El funeral es la semana que viene. No me querrán allí. —¿Quieres ir? ¿Puedes manejarlo?—le pregunto. —Debería estar allí. No puedo manejarlo, pero debería estar allí. —Entonces iré contigo. —Gracias, pero me odiarían aún más si te llevo. —Eso no importa. La opinión de la gente no importa en momentos como éste. Lo que importa es por quién estás ahí. Vas por Jacob, no por su familia. Y te llevaré allí personalmente para asegurarme de que te despidas de él. —¿Harías eso? —Su mirada se aferra desesperadamente a la mía. —Sí—respondo con convicción. Me sorprende cuando se acerca a mí y desliza sus brazos alrededor de mi cuello, abrazándome como si estuviera tratando de ganar fuerza. Yo la rodeo con mis brazos y la acerco más para poder acunarla en mis brazos mientras ella descansa su cabeza en mi pecho. —Gracias. Gracias, Andrea—susurra, agarrando mi camisa. Cubro su mano con la mía y veo mi anillo también. El mío y de ella. Cuando escribí nuestros votos matrimoniales, eliminé todo rastro de la palabra amor. En ese momento, estaba pensando en mi odio por su padre. No estaba pensando en ella. Debería haberlo hecho. La abrazo ahora y me encuentro de nuevo en ese lugar donde sé que en el momento en que acepte lo que siento por ella, me fortalecerá o me arruinará. Es la primera vez en mi vida que no sé qué hacer. Ella es la hija de mi enemigo. Amarla está mal. Pero ella se siente como la única cosa buena en mi vida.
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