No se en cuanto tiempo nadie dice nada, quizás todos estamos reviviendo lo que pasó, porque de alguna forma nos afectó a todos. Diego está pálido, más pálido que cuando entro por la puerta. Trato de ser optimista, pensando que quizás en este poco tiempo que estuvo en la cárcel haya dejado esa obsesión estúpida que tenía conmigo.
Si cuando conocí a Javier, alguien me hubiera dicho que él se iba a obsesionar conmigo, jamás lo habría creído. Por que Javier era el típico chico desinteresado y que solo tenia chicas de una noche. Pero bueno, no sabia que tenia un psicópata que me abrazaba.
—Esto no significada nada, chicos —intento calmarlos, aunque ni yo lo estoy completamente.
—¿Y Lucía? —pregunta Diego, lo miro pero él no me está mirando, él está mirando hacia la ventana.
— No se nada sobre ella —dice Alonso
—Espero que a esa loca no la dejen salir, ya es suficiente con Javier libre —dice Diego
—Tenemos que seguir haciendo nuestra vida normal, esto no debería afectarnos en nada —digo, Alonso asiente y toma mi mano.
—Mi padre se iba a encargar de solicitar una orden de restricción para los tres —dice Alonso, Diego y yo asentimos, pero todos sabemos que las órdenes de restricción no son muy seguras. Decidimos ver algo de tele, Diego se encargó de pedir comida, así que yo estaba buscando una película.
—Deberíamos ver una serie en conjunto, los tres —digo
—iug, ¿que eres, una adolescente? —dice Diego, yo ruedo los ojos
—Solo daba una idea —digo
—Concuerdo con Diego de que es una idea muy rara, sobre todo porque tu te ves una serie en un día —dice Alonso.
No digo nada, me limito a seguir buscando algo, porque es verdad, tengo una obsesión con las series, una vez que comienzo a ver una, tengo que terminarla.
Golpean la puerta, así que Diego se levanta a abrir, es la pizza que pedimos así que rápidamente pongo una película y nos sentamos a comer.
—Que bueno que aún con las malas noticias no se me quita el hambre —digo intentando romper la tensión, porque nadie dice nada, Alonso ríe, ha captado el cambio de conversación.
—Me pasa lo mismo —dice riendo, al final todos reímos, y terminamos viendo la película pero ahora juntos, es decir hace un momento cada uno estaba inmerso en sus pensamiento, y ahora estamos todos aquí, en el hecho de estar viendo una película juntos.
—Diego, ¿te molesta si me quedo a dormir hoy aqui? —le pregunto, él rueda los ojos.
—Es más, si quieres hasta puedes dormir conmigo —dice, yo me rio
—Creo que por hoy dormiré con Alonso, pero gracias por la oferta —digo, le doy un beso en los labios a Alonso para luego levantarme y darle un beso en la mejilla a Diego—. ¡Yo no se que haria sin ustedes! —digo para luego encaminarme hacia la puerta.
—¿Para donde vas? —me pregunta Alonso
—Voy a buscar pijama, mi mochila y las cosas que me tocan mañana, tengo clases temprano —digo, ambos asienten.
Cierro la puerta tras de mí, para comenzar a subir las escaleras, cuando llego a la puerta cruzo los dedos para no encontrarme a rebecca.
—¡Mira quien se dignó a aparecer, me tenias bien abandonada! —cierro los ojos fuertemente al escuchar su voz. Ahí está rebecca acostada en su cama mirándome con una sonrisa de suficiencia—. O ¿es que acaso no te caigo bien? —la miro, no puedo creer que tuve tanta mala suerte para tener esta compañera de cuarto, está arruinando mi experiencia universitaria.
—¿En Serio hace falta que te lo diga? —respondo sarcásticamente sin mirarla, camino hacia mi cajón para sacar mi pijama, lo echo en mi bolso junto con las cosas que voy a ocupar mañana, ella se ríe, y me enferma.
—Vas a una pijamada y ¿no me invitas? —
—Pues asi como lo ves —digo sonriendo cínicamente.
—Pense que eras mas agradable, te gastas esa cara de santa pero te tiras a dos hombres juntos —me doy vuelta roja, pero realmente roja de la rabia, la cara me arde.
—¡Mira pedazo de zorra estupida, no me tiro a dos hombres, no me agradas, y no me conoces , asi que no me vuelvas a hablar, porque ahora estoy siendo amable, tu no me conoces! —digo acercándome a ella, me tiene hasta la misma mierda, rebecca no dice nada—. Espero te haya quedado claro COMPAÑERA —digo con asco.
Salgo de la habitación enfurecida, es la clase de perra que solía ser, pero cambie y deje de ser alguien que no soy, pero ella simplemente me saca de mis casillas, parece que le encantara hacerme enojar.
—¿Que te paso? —me pregunta Alonso cuando entro.
—Esa estúpida perra, me saca de mis malditas casillas —digo enojada, dejo mi bolso caer en la cama y voy al baño a lavarme la cara.
—Creo que no está siendo una muy buena experiencia la tuya de compartir cuarto —dice diego riendo, lo miro fulminante y él levanta las manos.
—Bueno tu fuiste la que no quiso que arrendaramos un departamento juntos... —y Alonso para rematar, ahora los estoy fulminando a ambos.
—Porque no se duermen mejor —
—Sino me lo dices no me habría dormido —dice riendo Diego.
Me pongo mi pijama en el baño, aun no entiendo que le pasa a esa chica, es casi como si estuviera ensimismada en hacerme enojar, que es eso de que soy una santurrona, yo ni me veo como una. Lo peor de todo esque no puedo dormir todas las noches aquí, y alonso tiene razón, fui muy tonta al no arrendar un departamento juntos, ahora lo estoy pagando y de la peor forma. Pero si hay algo de la forma en que me mira que me da la impresión de que me conociera de antes, si es asi, tendre que averiguarlo. O ¿quizás me estoy persiguiendo por todo lo de Javier?
“Voy caminando por los pasillos de la facultad, el dia esta muy nublado y hay muy poca gente por los pasillos, me sorprende porque ya es mediodía, y teniendo en cuenta la cantidad de alumnos que hay aquí, esto suele estar lleno casi todo el día. No le tomo mucha importancia y sigo caminando hacia mi clase, al entrar el salón está vacío y faltan tres minutos para que comience la clase. Tomo asiento en mi lugar de siempre, pero de pronto las luces se apagan y un escalofrío me recorre la piel, tanto así que la piel se me eriza. Trago saliva, tomo mis cosas para salir porque de seguro hay algun problema electrico, pero cuando me levanto las luces se prenden, miro hacia el frente y Javier está sentado en la mesa del profesor. Me congelo y él me sonríe, con esa sonrisa por la que yo antes me derretia pero que ahora solo me producía náuseas.
—¡Volví a por ti, nena! —”
Despierto asustada y con la cara mojada en sudor, el sueño se había sentido tan real, las sensaciones, todo. Alonso sigue durmiendo a mi lado y Diego luce muy sereno en su sueño, al parecer la única que tuvo pesadillas fui yo. Me levanto para ir a darme una ducha, y lo hago rápido porque me doy cuenta que me queda una hora para la clase, así que sin desayuno será.
Una vez estoy lista salgo rápidamente cerrando la puerta despacio para no despertar a los chicos, cuando salgo del complejo divisó a Rebeca sentada en una banca fumando, ella me ve, me dedicó una sonrisa de suficiencia y me estira el cigarro o lo que sea que tenga en las manos, la ignoro y me dirijo hacia la facultad, no perdere mi tiempo con ella. Pero claro esta, ella esta empeñada en molestarme.
—¡Cuidate mucho, compañera! —
No digo nada y comienzo a caminar, la verdad no se que esperaba decirme con eso pero prefiero no tomarla en cuenta. La verdad después del sueño no ponerme más nerviosa con esta situación. Cuando voy llegando a la facultad, siento una sensacion rara en el cuerpo, como si alguien me estuviera mirando, recorro el lugar con la mirada pero no veo nada. La pesadilla seguramente me dejo perturbada, o eso espero la verdad.
Cuando entro al salon me quedo mirando, a diferencia de en mi pesadilla el salón está lleno y en la mesa del profesor está definitivamente él, dejo escapar un suspiro porque a pesar de que dijimos y dije que esto no nos iba a afectar, lo hace de todas maneras.
Un chico se sienta a mi lado, esta vez no es Thomas, a diferencia de thomas, él solo me hace un asentamiento de cabeza y se siente, le sonrió como puedo, porque la verdad saludar nunca ha sido mi fuerte.
—¿Tienes algun lapiz que me puedas pasar? —Miro hacia el chico extrañada, llevamos media hora de la clase, ya me he anotado como cuatro páginas y el ni siquiera tenía lápiz.
—Mmm si, creo debo tener otro —Pero claro que tengo otro, si tengo un estuche como con cincuenta lápices.
—Gracias —dice el chico y yo solo asiento.
El resto de la clase no dice nada más, literal solo ha garabateado líneas en su cuaderno pero eso a mi no me incumbe.
Cuando la clase termina el chico me devuelve el lápiz, y cuando creo que no dirá nada el se da la vuelta a mirarme, tiene unos ojos verdes muy penetrantes.
—Por cierto, soy Franco —dice
—Soy Tamara —digo, él asiente y se va.
Me encojo de hombros y termino de guardar mis cosas, porque tengo que irme rápidamente a mi otra clase que comienza en quince minutos, y quiero comprar algo antes de desmayarme.