—¡Mira yo me lo habría tirado porque está buenísimo! —escuchar la voz chillona de Rebecca me tiene los tímpanos a flor de piel, lleva media hora hablando con no se quien, y casi gritando con cada palabra que le dicen por el teléfono, y claro esta que llevo media hora tratando de concentrarme en la lectura que tengo que leer. —¿Puedes dejar de gritar por favor? —digo finalmente. Rebecca me mira con una ceja levantada, yo la levanto también. —¿Por que siquiera haría eso?, amargadita — —De verdad, ¿tú estás ciega? —Digo esta vez más bruscamente porque definitivamente esta chica me va a volver loca. —Mira, sea lo que sea que estás haciendo no me interesa, asi que dejame en paz —me hierve la sangre, juro por dios que me hierve. —Mira, ¡me importa una reverenda mierda si te quieres tirar a

