Abro los ojos lentos, me siento como si hubiera estado durmiendo días, y la posición en la que estoy no me favorece mucho, siento mi cuerpo muy extraño. La puerta se abre de golpe y un rayo de luz entra a darme en la cara, me parece extraño porque la bodega está muy oscura. —Hola nena, estoy muy enojado contigo ¿sabes? —dice Javier, noto el enojo en su voz y aunque no quiero reconocerlo eso me asusta un poco, y teniendo en cuenta que apenas me puedo mover. —¿Qué me diste? —pregunto como puedo. —Solo algo suave para dormir, teniendo en cuenta que tuvimos que cambiarnos de habitación, pero te digo que no me gustó nada lo que encontré debajo de la cama —dice, ¡Mierda! —¿Qué encontraste? —pregunto intentando hacerme la desentendida, pero no alcanzo a decir nada más porque en dos segundos

