—Tam —escucho que me llaman, abro los ojos y me topo con Diego, me sonríe tristemente. —¿Qué pasa? —pregunto. —Debemos bajar —dice, yo asiento y lo sigo, justo antes de salir miro la foto en la pared, donde salimos mamá y yo, sonriendo como si la vida se nos fuese en ello. Tomo la fotografía y la llevo conmigo. El salón está adornado con globos blancos y negros, ramos de flores por el suelo, y algunos en las paredes. siento una presion en el pecho pero sigo a Diego hasta el living. Ahí está mi madre, dentro de un ataúd café, rodeada de flores y antorchas. sonrio tristemente con los ojos llenos de lágrimas, Roberto se esmeró en dejar todo esto precioso, y estoy segura que si ella hubiera estado aquí le habría gustado mucho. Roberto está junto a su ataúd, afirmado mirándolo y llorando.

