Estaba en la cama de mi habitación cuando oí un ruido en el patio. Pensé que Gleb loco estaba aquí de nuevo. No se va así por así. Los paranoicos siempre van a lo que quieren, porque su imaginación enferma llama a las hazañas. No va a parar hasta que me mate. Miré por la ventana y grité sorprendida. Mi Iván, en persona, estaba en el porche hablando con Vladimir. ¡No me dio tiempo! ¡Zachario no pudo hacer nada para detenerlo! Ahora no sabía qué hacer. Salí corriendo a la calle. - Svyatoslav, ¿qué haces tú aquí? - grite yo a él, olvidándome de todos los modales. - De eso y de muchas otras cosas, hablaremos más tarde, - dijo el seriamente, - ahora vuelve a la casa a la parte de las mujeres. Me hablaba de tal modo, como les hablaban a los niños pequeños cuando ellos se portaban mal. Me sen

