Ni un mes.

1484 Palabras
Beatriz, una chica de la misma edad de Emilia, es linda, inteligente, su cabello es corto de un intenso color escarlata, sus ojos son marrones y muy hermosos, es una chica delgada, tan refinada con su vestido de mucama y un poco pequeña, pero, eso no importa, porque esa maldita aunque parezca pequeña, linda e inofensiva, esa mujer sería un demonio que me torturaría hasta no más poder. Gofred me llevo ante Beatriz, ella estaba en la biblioteca de la mansión, organizando los libros de hechizos que Emilia estaba aprendiente, cuando ella me vio, me ignoro y solo se enfocaba en hablar con Gofred. ― Vaya, es un placer verte Gofred, ¿Qué puedo hacer por ti?... ―Beatriz seguía acomodando los libros como si nada. ― Como esta señorita Beatriz, vengo a informarte que nuestro nuevo compañero estará bajo tu supervisión, según las órdenes de la señora de la casa… ― ¿hablas del ladrón asqueroso sin escrúpulos ni moral? Aún sigo sin comprender por qué se me asignaría a semejante escoria, inútil e innecesario… Beatriz me estaba insultando en mi cara y se hacía la tonta. ― Estoy frente a ti. ― Dije, pero Beatriz siguió ignorando mi presencia como si fuera una pared. Gofred no le siguió el juego a esa chica, pues, Beatriz estaba pagando su castigo por inculparme de robarle a Emilia injustamente ― No ignores al muchacho Beatriz, Emilia quiere que instruyas al muchacho, eres una gran profesora, no habrá problemas. ― La señorita Emilia debe estar muy confiada, yo no puedo enseñarle modales básicos a un animal descerebrado como él. ― Beatriz me mira con desprecio y yo le devolví el sarcasmo. ― Yo dudo que un animal pueda aprender de una chica plana y sarcástica. Gofred nos calla y deja en claro que no había opción ― Los dos, se calman, Emilia quiere que los dos, sean más unidos, respeten las órdenes de la señora de la casa. Gofred se retira y yo trato de llevarme bien con Beatriz ― Oye, sé que no te agrado, pero trato de hacer todo lo que pueda, no seas ruda conmigo. ― Intente darle la mano a la chica pelirroja en señal de buena fe, pero, Beatriz, me toma del brazo y con una llave me inmoviliza. A pesar de que esa chica era delgada y más pequeña que yo, era muy fuerte y rápida, no podía moverme, jamás había sido neutralizado de forma tan rápida ― No me importa si le agradas a Emilia, jamás voy a aceptar que un imbécil como tu porte el uniforme de una familia tan respetada, mañana quiero que estés listo antes de que salga el sol o te romperé una costilla, ¿entendido? ― Ella no bromeaba, podía reconocer que lo decía en serio, Beatriz no era una chica como las demás sirvientas, esa desgraciada no le importa lastimarme. ― Sí, sí, señora, mañana estaré preparado… Beatriz me suelta y se retira de la biblioteca, sin terminar su deber, que ahora era mi deber ― Acomoda los libros en orden alfabético, si lo haces mal, lo pagarás caro. ― ¿Pero no era tu trabajo? ― Le mencioné, pero ella solo me ignoró y se fue. Al día siguiente me levanté muy temprano, no quería que esa chica me rompiera las costillas y por primera vez, yo pude ponerme mi uniforme, me veía bien, atractivo y elegante, no me había dado cuenta de lo guapo que era con mi traje de mayordomo, en el espejo, yo me veía como alguien increíble; Pero mi arrogancia duro poco, pues Beatriz, entra a mi habitación, sin siquiera tocar. ― Estaba lista para romperte las costillas, es una pena. ― Menciona la peli roja al verme ya levantado y listo para el trabajo. Beatriz se me acerca y se da cuenta de que mi corbata estaba mal, el moño no era el correcto y la chica me da una fuerte patada en mis bolas. ― ¡AH! ― El nudo está mal hecho, hazlo bien o la próxima te corto las pelotas, después de que desayunes, estaré esperándote en la tercera planta. Gofred y Beatriz, tenían algo en común, eran unos auténticos desgraciados, después de desayunar, me dirigí a la tercera planta, donde Beatriz, estaba esperándome con un cepillo de dientes, ella parecía estar de buen humor, tal vez porque me daría un enorme trabajo. ― llegas tarde… ― menciona ella. ― ¿Por qué siempre dicen eso?... Beatriz me entrega el cepillo de dientes, era un cepillo de dientes pequeño y muy gastado, yo no tenía idea de para que me había entregado esa porquería, pero, Beatriz, como una muy buena mujer, me explica lo que debía hacer. ― Por si no te has dado cuenta con tu poca inteligencia, el piso de mármol está sucio, tú tendrás que limpiarlo antes de que la señorita Emilia reciba a sus invitados de la tarde. El piso estaba sucio hasta el último rincón, el suelo era de mármol blanco y elegante, limpiarlo con implementos adecuados de aseo era una tarea muy dura, pero limpiarlo con un simple cepillo de dientes era una tortura. ― ¿estás loca? Este cepillo de dientes es para niños… ¿Cómo crees que voy a limpiar todo esto solo? Beatriz me da la espalda y saca un libro, un libro de matemáticas. ― No te preocupes, mientras estás ocupado te haré preguntas sobre aritmética básica, si fallas en mis preguntas, no cenarás. Beatriz fue demasiado cruel, no solo me hacía limpiar el piso de mármol fino con un simple cepillo de dientes usado, sino que también me hacía preguntas de matemática, cuando yo daba una respuesta incorrecta, Beatriz me insultaba y me golpeaba, sus golpes no eran doloroso, más bien solo mostraban el desprecio que ella sentía por mí. La jornada laboral fue horrible, no pude terminar de limpiar el piso y Beatriz me prohibió la cena de esta noche, aparte me prometió que me daría trabajos igual de malos, ella estaba convencida de explotarme laboralmente, me dolía la espalda las rodillas, estaba agotado física y mentalmente, pero lo que me tenía realmente mal. ― ¿Por qué ella aún no me ha buscado? ― Me pregunte mientras me desplome sobre mi cama, cansado y hambriento. Desde que Emilia me contrato, no me he podido reunir con ella, no porque ella no quisiera, era porque ninguno de los dos podía, yo al ser un empleado estaba ocupado con mis deberes y ella al ser una chica tan importante, también tenía sus obligaciones, aun así. ― Quisiera estar con ella. En la mañana siguiente Beatriz me visita en mi habitación, lista para darme más trabajos ridículos, estuve días enteros trabajando excesivamente, Beatriz no solo era una jefa terrible, también una pésima maestra, ella me enseñaba literatura, matemáticas, historia, biología, también me enseñaba los modales y la pertenencia de un mayordomo ejemplar, pero todas sus calces estaban llenas de insultos y golpes, para ella yo era un idiota y todo el tiempo me castigaba. Beatriz era una chica muy cruel, intentaba soportarla, casi toda mi vida he aguantado los abusos de otras personas, pero, simplemente esa chica estaba completamente loca, me odiaba y se desquitaba conmigo, solo tenía que aguantar este horrible trabajo por tres meses, para poder obtener el certificado laboral y largarme al reino del Noroeste para empezar una vida ahí, pero, con Beatriz era imposible, día tras día, esa chica me daba trabajos que nadie más podría hacer, eso sin contar sus clases, donde pretendía cargar mi cerebro con información compleja. Beatriz fue un grano en el culo, era bastante odiosa, en la mañana ella se dirigió a mi habitación, no me había presentado en el área de trabajo que ella me había encargado, ella estaba enojada, lista para romperme las costillas, pero cuando entró a mi habitación, encontró mi uniforme tendió en la cama. Yo ya estaba harto de sus tratos, Beatriz solo quería que renunciara y lo logro, tome mis cosas y me despedí de la mansión blanca, quería hablar con Emilia, pero, no quería ver su cara de decepción, me largue de este lugar antes de que todos se despertaran y me dirigí a un bar donde ahogue mis penas. ― ¿Por qué tan triste amigo? ― Me habla el tendero del bar. ― renuncie a mi horrible trabajo y sabes, no duré ni siquiera un mes… Sin trabajo ni dinero, ¿Cómo podría sobrevivir en este mundo? Odiaba mi empleo, ser un mayordomo era difícil y cuando pensé que me podría librar de Beatriz, una chica de uniforme y cabello rojo entra, era Beatriz. ― ¡Félix, te ordeno que regreses a la mansión! ― Beatriz me había encontrado, yo estaba casi hebreo y no podía creer que esta chica, tan odiosa, me fuera a buscar por toda la ciudad. ― ¿Beatriz, que haces aquí?...
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