Una tonta noble.

1561 Palabras
Los hermanos Vonma, cuatro hermanos con una cualidad digna de sus hazañas, son equipo, desde niños los hermanos Vonma se han caracterizado por pelear en equipo, su sincronía era admirable, algunos simplemente creían que ellos se comunicaban por telepatía y ahora que yo me estaba enfrentando a ellos, no descartaba esa opción. ― ¿Qué pasa Félix, te estás agotando?... ― somos cuatro contra uno, no puedes ni siquiera tocarnos. ― morirás como un estúpido. ― Si tan solo hubieras tomado el bando correcto. Ellos eran muy rápidos y ágiles, parecían bailarines o contorsionistas de un circo, ellos usaban sus cuerpos para ayudar al otro a pelear, hacha de batalla, espadas, lanzas y dagas, los hermanos eran muy peligrosos, tanto, que yo podía siquiera herirlos. ― ¡Emilia, corre! Yo ya conocía las habilidades de esos cuatro, yo ya sabía muy bien que no podía siquiera tocarlos, yo era una presa contra cuatro leonas hambrientas y ágiles, ¿Cómo podría defenderme? Yo no quería vencerlos, quería ganar tiempo para que esa hermosa mujer escapara, ya solo era cuestión de tiempo para que Wwil me atravesara el corazón con una de sus espadas. ― ¡Muere traidor!... Pero… su espada se rompió al contacto de mi ropa, los hermanos también aprovecharon y me atacaron con sus armas, el hacha no pudo cortar mi cabeza, las dagas de Afra no pudieron atravesarme las piernas y la lanza de Jaxs no pudo atravesarme las costillas, todas esas armas se detuvieron, no pudieron penetrar mi carne. ― es como si su cuerpo ahora fuera de piedra dura… Yo no sabía qué estaba pasando, mi cuerpo estaba brillante y podía sentir las armas intentando atravesarme, pero, por extraño que fuera, yo aún seguía vivo… ― ¿Qué es lo que ocurre? Solo había una explicación, todos volteamos a ver a Emilia, quien tenía los dedos cruzados y rezando un conjuro de profesión, su magia era la que evitaba que las armas de los Vonma me atravesaran como mantequilla. ― La noble, lo está protegiendo… ― Deduce Afra al reconocer el canto de protección que Emilia estaba emitiendo. ― Da igual, si no podemos matar a Félix, volveremos al plan original. ― Jaxs toma su lanza y la arroja a Emilia, ella no podía moverse, si lo hacía su magia de protección sería cancelado, pero por suerte, logré partir la lanza en dos antes de que tocara a mi chica. ― ¡No se olviden de mí! ― grité a todo pulmón y rápidamente retomé el combate. Los hermanos Vonma no se echaron para atrás, aun sabiendo que no podían dañarme, siguieron enfrentándome. ― ¡Deja de ser arrogante Félix! ― es cierto, la magia de protección es el hechizo más difícil, ella no va a durar mucho. ― no creas que nos ganaste aún mocoso. Los hermanos Vonma me atacaban con mucha ferocidad y fuerza, a pesar de que la magia de protección evitaban que me lastimaran, podía sentir el impacto de sus ataques, golpes y patadas, como si enorme rocas pesadas cayeran sobre mi espalda, la ventaja que poseía no iba a durar por mucho tiempo. ― ¡Félix, ellos tienen razón, estoy gastando mucha energía, el hechizo no durará mucho…! Los golpes eran cada vez más dolorosos, el hechizo de protección en mi cuerpo se debilitaba, a este paso los hermanos podrían matarme; con todas mis fuerzas intenté vencerlos, pero, fue inútil, Jaxs me golpea con todas sus fuerzas en la cara y me lanza contra el suelo, el golpe fue tan fuerte que me aturdió y Afra se asegura de que yo no me levanté clavándome una daga en mi pierna derecha. ― Quédate ahí. El dolor era insoportable, ya no podía levantarme, Emilia trata de escapar, pero, por haber usado tanta energía en su hechizo de protección, ella se desploma en el suelo, agotada. ― ¿cómo es posible que dos tontos nos causen tantos problemas? Afra se acerca a Emilia y con su daga, intenta degollarla, Emilia estaba débil y yo ya no podía hacer nada, no quería que la mataran, no quería, tome mi espada y me arrastré hacia ellos, los Vonma me habían derrotado, era una tontería que yo aún quisiera pelear. ― ¿es en serio Félix? Estás herido y agotado, no eres rival para nosotros… ― Nicola tenía razón, yo ya había perdido, Emilia estaba a punto de morir, pero, algo dentro de mí, me impulsaba a tomar mi espada y gritar. ― Les dije, que no la toquen. Y con esas palabras, con esas simples palabras, mi espada emite una poderosa explosión de aire que destruye mi alrededor y golpea a los hermanos Vonma, lanzándolos contra las paredes de la mansión, dejándolos inconscientes. No comprendía de dónde provino esa poderosa explosión, pero, me arrastré hacia Emilia para asegurarme de que ella estuviera bien y por suerte, aún estaba viva. ― ¿Qué fue esa explosión, Félix? ― Me pregunta ella al ver como el pasillo y toda la decoración, ahora estaban destrozados, por lo que sea, que yo hice. ― No lo sé, creo que fue tu magia. ― ¿Mi magia?... ― Menciona ella confundida. Emilia estaba algo agotada, pero ilesa, yo, por otra parte, estaba muy lastimado y con una daga en mi pierna que no me permitía ponerme en pie, Emilia me saca la daga y después usa su magia para cerrar la hemorragia. ― Me alegra que sigas vivo, Félix, necesito que me expliques que fue lo que ocurrió. ― Unos amigos querían matarte… Pero ella me interrumpe. ― No me refiero a eso, ¿Qué hiciste para detenerlos? Emilia no quería saber por qué querían matarla, ella estaba más interesada en la explosión que derroto a los Vonma. ― Mi espada creó una fuerte explosión de energía, ¿fue tu magia no? Emilia termina de curarme la pierna y con una mirada confundida, ella me responde. ― ¿Mi magia? Félix, yo jamás he podido otorgarle poderes a alguien, esa explosión provino de ti. Creía que la magia que había borrado de mi espada era de Emilia, pero cuando vi su cara repleta de confusión y temor, supe que algo raro había ocurrido. ― ¿Qué quieres decir? ― Félix, tú puedes usar magia… ― Me responde ella, feliz y exaltada, no paraba de mencionar ― Eres un plebeyo con el poder de usar la magia. ― Eso es imposible, no puedo hacer eso, los únicos que pueden usar magia, son los nobles de sangre mágica. Emilia me responde ― ¿y de dónde provino ese poder?... Pero nuestra conversación se vio interrumpida, cuando los sirvientes de la mansión, armados con espadas y trinches, llegaron por el escándalo. ― ¡Señora Emilia, ¿Qué ocurrió?! Emilia me había sanado gran parte de la pierna lastimada, y me levanté para correr, Emilia me grita ― Félix espera, no te vayas… Emilia quería que me quedara, pero yo ya no confiaba más en ella. ― ¿para qué? ¿Para qué me acusase de ladrón y me eches de tu casa? No gracias, ya me despreciaste una vez… Continúe corriendo y pude alejarme de la mansión blanca sin más problemas, solo me quedaba buscar un escondite y mientras corría por los oscuros callejones y tejados del distrito de nobles, pude ver a lo lejos a cuatro tipos escapando de la mansión de Emilia, cuando vi a esas personas, me di cuenta de que eran mis viejos compañeros. ― Mierda… ellos lograron escapar. Los Vonma se habían despertado y habían escapado de la mansión Blanca justo como yo lo había hecho, ellos me miran a lo lejos y gritan mi nombre. ― ¡Félix! ¡No importa dónde te escondas! ¡Ni a donde vayas! ¡Te vamos a matar! Un miedo se apoderó de mí, yo ya era consciente de que no me quedaba nada, ni dinero, ni hogar, ni amigos; mis días ya estaban contados, los hermanos Vonma se marchan saltando entre tejados y edificios, no querían cazarme, decidieron escapar de los guardias que ya estaban buscando a los responsables de la mansión blanca. Yo solo pude continuar mi camino, los Vonma me matarían, ellos eran buenos rastreadores, huir no serviría de nada. ― Bueno, Félix, eso te pasa por traidor. ― me dije a mí mismo. No me sentía arrepentido, condene mi vida por mis tontas decisiones, como ladrón esta consiente que no vivirás muchos años y ya se asechaba mi destino, me dirigí a una panadería loca y con las pocas monedas que disponían, y me fui a cenar. ― Denme el pan más fresco que tengas. ― dije al pagarle al panadero. ― Claro, dame un momento. Pude haber robado el pan, pude haber robado al panadero, pude haber comido gratis, pero, para mí era un lujo, pagar por la comida, me hacía sentir bien y si iba a morir, entonces que fuera como un buen hombre. ― Gracias… Me escondí en un callejón cercano, el suelo apenas era húmedo y ahí cené mi delicioso pan, acompañado de dos ratones que también tenían hambre. ― ¿quieren acompañarme? Los ratones subieron hasta mis piernas y ahí las alimente, almenas, no pase la noche solo, ya solo me faltaba esperar a que los hermanos Vonma me encontraran y me asesinaran, pero, siempre estaré orgulloso de mis acciones. ― Buenas noches.
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