Yo decidí escapar, no quería que los sirvientes me atraparan por el intento de asesinato, los hermanos Vonma también escaparon, estaban heridos, pero lograron irse esa noche, los sirvientes no tenían idea de lo que ocurrió, el pasillo estaba hecho un desastre, como si una bomba hubiera explotado.
― Qué desastre, ¿Quién pudo hacer algo así?...
― La señorita Emilia está viva, gracias a Dios.
― Señora Emilia, ¿Qué fue lo que sucedió?
A lo que la señora de la casa respondía. ― Otro intento de asesinato, limpien este desastre, llamen a los carpinteros, quiero que este pasillo sea restaurado a su origen, que todos se pongan a trabajar, me iré a descansar en mi habitación, que Gofred y Beatriz me acompañen.
Todos los sirvientes de la mansión blanca, siguieron las órdenes de la señora Emilia, los mejores carpinteros, fueron despertados, las mujeres fueron llamadas para limpiar el desastre, los sirvientes más fuertes y musculosos recogieron los escombros, ninguno se quejaba por ser tan temprano, todos trabajaron con rapidez y felices de que la última heredera de la familia siguiera viva; aun así, los empleados no paraban de hablar sobre todo el desastre.
― Los cristales están destruidos, al igual que la costosa decoración, los pisos de mármol están despedazados.
― Mañana será un día muy pesado, llamaremos a los mejores, a los mejores obreros, los carpinteros nos encargaremos de darle mantenimiento a la estructura, para evitar que colapse parte del pasillo.
― aun así, creía que la magia de la señorita Emilia podría proteger la mansión de explosiones.
― Quién sabe, tal vez usaron magia, la pobrecita siempre está en peligro, como sirvientes de la familia Ixia, debemos servirle en lo que podamos, aunque no quedemos muchos.
― la pregunta es, ¿Quién fue el causante de todo esto?
La señora Emilia era la única testigo, pero no dijo nada, solo se fue a la cama en compañía de sus dos mejores sirvientes.
― Gofred, Beatriz, tengo un trabajo para ustedes, ¿recuerdan al ladrón que yo decidí ayudar? ― Menciona la señora de la casa, mientras buscaba información en sus pergaminos.
Gofred estaba furioso, él pensaba que yo había casado todo este desaté. ― ¿El ladronzuelo? ¿Él causó todo esto? ¡Lo va a pagar caro!
― Quiere que lo matemos, señorita Emilia. ― pregunta Beatriz.
Pero ellos no imaginaron su repunta. ― No, quiero que lo traigan aquí, además… ¿Quién de los dos, fue quien lo inculpo? Emilia se dio cuenta de la verdad, yo no le había robado nada.
Gofred estaba confundido y no era para menos, las palabras de Emilia eran confusas. ― ¿De qué habla señora? Ese ladrón se aprovechó de usted y cuando lo echó de su hogar, volvió para buscar venganza.
Emilia desmintió esas acusaciones de forma tajante. ― ¡ya dejen de mentirme! Félix me salvo del asesino que atacaron esta noche, yo fui testigo de su heroísmo, por esa razón, creo firmemente que él era inocente, ustedes lo inculparon del robo… ¿Verdad?
Beatriz suspira y sin ningún arrepentimiento, ella confiesa la verdad. ― Tiene razón señora, yo fui quien puso sus joyas en su mochila, quería que lo echara de este lugar.
Emilia y Gofred estaban furiosos, con Beatriz. ― Me has despeinado bastante Beatriz, pero imaginaba que serias capas de algo así. ― dice Emilia.
― Beatriz, como sirvientes de la mansión Blanca, lo que hiciste fue imperdonable, tratamos a ese joven de forma injusta, como sirvientes manchamos el honor de la familia Ixia.
Gofred no sabía nada, Beatriz había actuado por su propia cuenta y explica sus razones. ― simplemente, quería evitar que ese egoísta se aprovechará, no paraba de decir que se casaría con usted y todo su patrimonio sería para él, firmemente creo que hice lo correcto.
Emilia estaba enojada con Beatriz, no solo porque me habían inculpado injustamente, sino también porque Beatriz, no estaba arrepentida. ― ¿y lo dices como si nada? Me sentó traicionada, eres la sirvienta a quien más adoro, jamás pensé que serias capas de todo esto.
Pero Beatriz respondió con una rectitud digna de una digna de una directora de escuela. ― Como su amiga y guardia, mi deber es protegerla, ese ladrón solo es una basa tarda que busca dinero, es un hombre sin escrúpulos que jamás me agrado.
Emilia golpea una de las mesas que decoraban su habitación, ella no compartía esas palabras. ― ¿Sin escrúpulos? Yo vi con mis propios ojos, como ese ladrón al cual tanto le desagrada, peleo contra sus amigos, en total desventaja, solo para protegerme a mí, una noble, que lo echo a la calle como una plaga.
― Con todo respeto, señora, ese tipejo, solo ha querido su dinero, no sé si se ha dado cuenta de que Félix, pretendía amarla solo por interés. ― Cuestiona Gofred resaltando mi único objetivo desde que conocí a Emilia.
Emilia suspira y acepta la afirmación. ― Ya, ya lo sé… desde que me pidió matrimonio la primera vez, lo supe desde un principio, solo quiere mi dinero, jamás me amaría, ni yo a él, pero le seguí el juego, mi padre también era igual de ambicioso y gracioso… Félix no es como los demás, es tan ignorante que resalta su buen corazón, no quiero casarme con él, pero no quiero dejarlo solo, le he causado muchos problemas y aun así, me ha ayudado…
Emilia toma un contrato y se lo entrega Gofred, el contrato, era algo tan especial que los dos sirvientes se negaron en aceptar. ― De ninguna manera, señora, usted no puede darle ese contrato. ― Menciona Beatriz.
― Emilia, tu madre no aceptaría que le dieras un contrato a ese chico, los guardianes hemos pértigo a tu familia desde la época de los Vexanos, él no tiene talentos o habilidades, es un don nadie…
Emilia levanta la mano e interrumpe a su sirviente. ― ¿ustedes creen que la explosión la cause yo?, ese fue un hechizo de onda expansiva, solo los hechiceros de niveles superiores podemos hacer eso.
A Beatriz, se le salen las palabras ― No me diga que ese apestoso vagabundo…
Y Emilia termina su oración. ― Así es, Félix puede usar magia, no tengo idea de cómo es posible, no tiene sangre real ni mágica, pero tiene los dones de un verdadero brujo, si no lo ayudamos, podría morir, la magia es algo muy peligroso que puede traer consecuencias desastrosas, tráiganlo, ya pensaré en un castigo ejemplar para ustedes dos, por ahora, busquen a Félix.
Los dos sirvientes se ponen manos a la obra y en medio de la oscuridad, emprenden su búsqueda que aquel ladrón que ha llamado la atención de la señora Ixia, ¿en dónde estaba yo?, bueno, después de cenar con las ratas, me dormí en el frío suelo, me dolía el cuerpo y estaba muy agotado y dormí toda la noche, hasta que unas personas desagradables, me despertaron.
― oye, ladrón, despierta…
Esa voz, era la de un viejo, un anciano que no me caía muy bien. ― ¿Gofred? ¿Qué mierda?...
El mayordomo estaba frente a mí, él era tan intimidante como siempre, pensé que me quería matar por lo que ocurrió en la mansión blanca, me levante y tome mi espada, que se desmoronó ante mis ojos, no me había dado cuenta de que la explosión había destrozado mi arma.
― Mierda…
Gofred me muestra las manos y dice ― No quiero pelear chico, vengo en son de paz. ― Tal vez el viejo decía la verdad, pero, era difícil que yo le creyera.
― ¿crees que voy a creerte después de todo lo que has hecho? ― dije con completa incredulidad.
― Tienes un buen punto, pero, créeme, no tengo intenciones de pelear, solo quiero disculparme…
Creo que Gofred no entendía muy bien, que nuestra relación no era digna de confianza ― ¿en serio crees que te voy a creer eso? ― le respetó la misma respuesta, pues, yo no confiaba en el viejo.
― ¡Oye, lo digo en serio! ― No fue justo lo que te hicimos y por esa razón, yo y la señorita Emilia, queremos pedirte perdón.
Sus palabras eran convincentes, pero, no tanto ― Ya en serio, ¿Qué es lo que quieres? ― dije.
Gofred se arrodilla ante mí y me entrega su espada, algo que me confundió mucho, ― ¿Qué haces?
― Te entrego mi espada, puedes matarme si deseas o escucharme…
esto es una locura.