Gofred me había encontrado, ¿sus motivos?, desconocidos, el mayordomo de la señorita Emilia estaba frente a mí, con una mirada intimidante y algo aterradora, por un momento imaginé que quería matarme, yo estaba implicado en el ataque de anoche, este tipo era un guerrero, tal vez la señora Emilia lo envió a mí para hacerme pagar por todos los daños.
― Félix, puedes matarme si quieres, de lo contrario escúchame.
Pero era todo lo contrario, Gofred se arrodilla frente a mí y me entrega su espada, este viejo estaba ofreciéndome su vida, el acto más débil de cualquier guerrero, yo odiaba a Gofred, podría pagarle con la misma moneda, él casi me mata, ¿Por qué no hacer lo mismo? Pero…
― Mierda, tal vez sea un ladrón, pero, no puedo matar a un anciano totalmente indefenso, ¿Qué es lo que quieres decirme?
Gofred se levanta y me pide disculpa ― Primero que nada, quiero que me perdones por todas las veces que te he lastimado, esta vez, lo digo bajo mi propio honor, Félix, tienes toda mi gratitud por haber salvado a Emilia de los asesinos que atacaron a noche.
― Emm…
Fue inesperado, se estaba disculpando de verdad, no bajo la influencia de su dueña, el viejo en serio estaba arrepentido, pero yo no sabía si aceptar sus disculpas, no por las heridas que este maldito me ha otorgado, sino más bien, porque yo también estaba involucrado en el ataque de anoche, claramente de forma indirecta. ― Es algo muy raro escuchar tus disculpas, anciano, pero creó que estás entendiendo el contexto equivocado, yo también estuve involucrado en el ataque de anoche.
Imaginaba que después de decir eso, el mayordomo se retractaría de sus disculpas, pero, en realidad, no lo hizo. ― Hahaha… ― ríe con una pequeña sonrisa y sigue hablando ― Lo sé, la señorita Emilia me narró los hechos, luchaste contra tus propios compañeros para protegerla, ellos te habían manipulado, ¿verdad?
― Yo, bueno, me dijeron que iban a robar las joyas de Emilia, nunca matarla…
Gofred, se pone una mano en su pecho y con agradecimiento me responde ― Lo que hiciste no solo es digno de un héroe, también es una persona que no cae ante el mal, gracias por proteger a la única cosa que ha importado toda mi vida.
Ni en un millón de años, podría recrear este momento, Gofred estaba agradecido conmigo, de una forma tan humilde que me incomodaba ― ¿Solo viniste para disculparte? ― dije para que volviera a estar erguido.
― No, Emilia me pidió que te buscáramos, ella quiere disculparse contigo en persona…
Eso sí, me parecía muy raro, Emilia no quería agradecerme por salvarle la vida de los Vonma, ella quería pedirme perdón, algo que no tenía lógica ― ¿Pedirme perdón? No entiendo.
― Significa que Emilia está arrepentida, tonto e ignorante ― Beatriz entra al callejón, se veía cansada y de mal humor, aunque eso era algo muy propio de ella, o eso pensaba.
― Vaya, pero si es la chica de pechos planos, ¿Qué es lo que haces aquí? ― Dije con bastante sarcasmo, ella y yo, no teníamos una buena relación, esa chica preferiría ir al infierno a buscar la cura de la ceguera, que venir a un callejón por la mañana, solo para hablar conmigo.
Gofred le da una un pequeño golpe a Beatriz, como si la publicara a decirme algo, una confesión, una revelación que yo jamás pude haber imaginado. Beatriz suspira y habla ― Félix, yo fui quien te inculpo de haberle robado a Emilia ese día. ― Se me hirvió la sangre, esa maldita de rostro inocente, pero con una actitud de cretina, había tomado las joyas de Emilia y las escondió entre mis pertenencias, por su culpa, Emilia creía que yo era un ladrón y un traicionero.
― Conque fuiste tú, sabía que me habían inculpado, pero siempre pensé que había sido Gofred ― Afirme mientras señalaba al viejo.
― Yo jamás sería capaz de tal cosa, tengo un código honorario que no lo mancharía con acciones tan rastreras, pero, tampoco imagine que una compañera tan leal, fuera capaz de tal fechoría.
Gofred estaba enojado con Beatriz, como si un padre estuviera decepcionado de su hija adolescente, daba igual el caso, Beatriz debía disculparse tal y como lo hizo el mayordomo, pero, ella fue totalmente honesta. ― No me siento arrepentida de lo que hice, para mí no eres nadie, solo cretino, aunque me disculpe, quiero que sepas que no es lo que en verdad siento.
Beatriz era una chica muy ruda, tanto que la muerte era algo mucho más cómoda para ella, que unas simples disculpas, su arrogancia y su ego, le decían constantemente, que ella hacía lo correcto, un simple ladrón como yo, no iba a cambiar esa decisión, pero, yo ya intuía que iba a decir esas palabras tan frías y al mismo tiempo verdaderas. ― a mí me da igual, si quieres disculparte, bien, ambos sabemos que no es así, si me disculpan, debo prepararme para irme de esta asquerosa ciudad.
Me levanté y me alejé de los dos sirvientes, pero Gofred, no quería que me fuera, no antes de escuchar las disculpas de su amo. ― Espera, por favor, no puedes irte, Emilia quiere disculparse contigo, aparte, estás muy herido y golpeado, en la mansión blanca podrías descansar.
― HAHAHAHA… ― No pude evitar reírme de esas palabras ― ¿en serio estás intentando convencerme de volver? Acepto las disculpas de Emilia, si eso les hace feliz, pero no quiero regresar, los hermanos Vonma me atraparán en cualquier momento y me matarán, no hay lugar seguro, no para mí.
Beatriz me intenta convencer, pero, solo me hace reír más. ― Te protegeremos si es lo que quieres, la mansión blanca es un lugar seguro, a cambio solo tienes que ir con Emilia.
― HAHAHA… ¡Ustedes dos, no han parado de meterse conmigo, ¿y ahora me quieren proteger?, aparte, yo fui quien participo en el ataque de la mansión blanca, de todos los lugares seguros, ese lugar no lo es!
Lo que yo decía tenía todo el sentido del mundo, volver al lugar en donde se formó el alboroto, solo me llevaría a una muerte segura, aparte, si quería salvar mi pellejo, tendría que tomar el primer barco hasta las costas de Plaxar, donde no sería encontrado por los hermanos Vonma.
― Félix, Emilia, en serio se siente mal, al menos ofrécele la oportunidad de disculparse en persona, después, podrás irte de la capital.
Gofred anhelaba que yo volviera a la mansión, almenas para escuchar las disculpas de Emilia, acepté, pero no por las disculpas, solo quería despedirme de ella, y de su hermosa sonrisa.
― Ay… maldición, bien, iré…
Volví a la mansión de Emilia, era la primera vez que regresaba a un lugar después de intentar robarlo, había muchos trabajadores merodeando la propiedad, según Gofred eran arquitectos y carpinteros que estaban encargados de reparar los daños que yo cause. ― ¿en serio fue tan grave?
― pregunté, a lo que el viejo mayordomo me dijo. ― Todos creyeron que fue obra de la magia de Emilia, solo ella podría crear semejante destrucción.
Me sentí algo culpable, yo fui quien causo todo ese desastre y no entendía siquiera como diablos hice eso, pero eso no era el tema, cuando entre a las puertas, todos los empleados, tanto sirvientes, como carpinteros y trabajadores, me miraron de reojo, algunos no paraban de susurrar.
― ¿Qué hace otra vez ese ladrón?
― La señora Emilia está perdiendo la cabeza, ¿por qué llamaría otra vez a ese chico?
― dicen que él causó todo el alboroto…
Beatriz también escuchó los murmullos de los empleados de la misión y como si fuera una autoridad, grita a todo pulmón. ― ¿Qué hacen hablando como unos tontos? Vuelvan al trabajo.
Todos volvieron al trabajo y nos dieron las espaldas, Gofred y Beatriz me acompañaron hasta el laboratorio de Emilia, donde ella estaría ahí, estudiando y perfeccionando su magia. ― sígueme…
Me sentí algo nervioso, volver a ver a Emilia me estresaba, no podía dejar de pensar, si ella me juzgaría o tal vez, me obligaría a pagar por todos los daños materiales, tal vez, ella envió a sus sirvientes a buscarme para otro objetivo, tal vez me volvieron a engañar y esta era una trampa, las posibilidades de que algo malo me aguardara al reunirme con la última heredera de la familia Ixia, eran altas, pero, ya no había marcha atrás.
― Señorita Emilia, Félix, vino a despedirse.
Emilia estaba usando una bata blanca, unos lentes de protección y estaba experimentando con hierbas medicinales, cuando ella me vio, salto de su mesa de investigación y me abrazo. Era tan delgada y tan suave, ella olía tan bien y su abrazo fue tan reconfortante que me confundió.
― Emilia, ¿Qué haces?... ― le dije.
― Me alegra ver que aún sigues en pie, yo, quiero hablar contigo… ― Emilia mira a sus sirvientes y les ordena retirarse ― Gofred, Beatriz, déjenos a solas.
Los sirvientes aceptaron y Emilia me sirve un poco de jugo con algo para comer, yo tenía hambre, pero no quería recibir nada, pues no estaba de visita, estaba de paso. ― Emilia, no pienso quedarme, solo vengo a despedirme.
― si lo haces entonces te perderás de algo único en tu vida ― Emilia me toma de las manos y su mirada fue suficiente para quedarme un poco más.