Ha pasado casi una hora desde que canalizaron a mi hermano. Dijeron que era mejor hidratarlo primero y hacerle algunas curaciones en sus heridas; según su evolución, nos confirmarán si debe ir al hospital. Estoy con Silvana en mis brazos, ya ha despertado y está entretenida con un mechón de mi cabello. Fernando se remueve en la camilla y me mira, sus ojos llenos de desesperación. —¿Cómo te sientes? —pregunto con una leve sonrisa. —Mejor, pero necesito ir con Laura, debo saber cómo está, Carolina. —Fer, están haciendo todo lo posible por ella —trato de calmarlo, aunque mi propia preocupación por Laura me consume—. Está en buenas manos. Él aprieta mi mano con fuerza y sus ojos se llenan de lágrimas. —No puedo soportar la idea de perderla —dice. Su voz se quiebra—. Ella es todo para mí.

