El pequeño Simba al ver que la pareja ya estaba quieta, no dudó en escalar de nuevo a la cama y se encontraba en una esquina mirándolos de nuevo con su cabeza sobre sus patitas, haciéndoles presión para que si quiera le dieran algo de comida. Los gemelos le habían lanzado algo de dulces, pero no era lo suficiente, él solo quería aquel tocino que su ama Ivanka había comprado hace dos horas atrás. Pero sus padres adoptivos solo estaban abrazados, desnudos, empiernados, y sudados, conversando un poco luego del éxtasis post coito. —¡Guau…guau!—ladró el cachorro avisándoles de su desayuno, pero Ivanka y Alexander comenzaron a besarse nuevamente. Luego, el hombre con Ivanka en sus brazos, paró de besarla por unos segundos y acordándose de lo que le dijo hace rato, frunciendo el ceño le pregun

