—Yo tampoco pero… debemos comer algo y también nuestro perro. Pobrecito no ha comido desde ayer en la tarde por eso es que ladra. Alexander le dio un pequeño beso en sus labios, se separó de ella y dejó que se levantara. Estaban enamorados, no querían quitarse las manos de encima ni siquiera para comer. Una pequeña sonrisa se marcaba en los rostros de cada uno de manera inconsciente porque se deseaban con locura. Ivanka no lo entendía pero era la primera vez que sentía eso por un hombre. No podía negar que le daba algo de miedo, pero no podía hacer mayor cosa porque con cada minuto que pasaba con él le gustaba cada vez más. Posteriormente, ella se levantó se puso una bata de baño y así fue a cocinar de nuevo la sopa. Esta vez la hizo un poco más alegre, hasta música en su celular puso m

