Aquel hombre afrodescendiente, quien aún no sabemos quién lo envía, caminó hasta el ascensor y se fue de ese lugar sabiendo en donde moraba Alexander. Mientras que, el pelinegro sin saber que dos hombres discutían por él en el décimo piso, al ir hasta el apartamento de Ivanka con la maleta, escuchó a alguien gritar su nombre. —¡Alexander! Aquella persona era nada más y nada menos que Jesse quien entraba a las residencias y al verlo lo llamó gritando su nombre. El pelinegro de una vez se detuvo y no pudo negar que por primera vez, no le agradó ver a su mejor amigo. «¡Ah, se había tardado el muy fastidioso!» Jesse corrió hasta él y mientras lo hacía pudo ver la maleta. «¿Se va de viaje con tanto que hacer?» Luego, llegó hacía donde estaba Alexander y un poco cansado de la corrida con

