Unas suaves caricias en mi cara hacen que me despierte de un maravilloso sueño. Abro los ojos encontrándome con un apuesto hombre con expresión demasiado feliz, me acaricia la cara con la punta de sus dedos, pasándolos por mis labios causándome un cosquilleo en el estomago. -Buenos días amor -susurra con voz ronca. ¿Amor? ¡Uy no! Ya empezamos mal. Me incorporo quedando sentada en la cama, estoy completamente desnuda con solo una ligera sabana de algodón egipcio, tapando mi cuerpo. Miro a mi alrededor buscando mis lentes, no quiero empezar la mañana con un dolor de cabeza, afortunadamente los encuentro en la mesita de noche que tengo a mi lado. El hombre que tengo en frente observa cada uno de mis movimiento con una mirada atenta, curioso, como si esperara a que hiciera algo que olvide.

