NARRA MAXWELL Tragué saliva y me quedé en silencio. —Está bien… —murmuré, bajando la mirada. La dejé atrás, pero justo cuando estaba por entrar a la casa, algo en mi cabeza me detuvo en seco. El aire estaba helado. ¿Ella tendría frío? Por instinto me giré y miré hacia atrás. Si… sería mejor taparla. Abrí la puerta despacito, como si no quisiera que nadie supiera que había entrado. La cerré igual de suave, con cuidado de no hacer ruido, pero lo que me había dicho seguía martillándome el cerebro. ¿De verdad le valía madre todo esto? ¿Lo que yo hacía, lo que intentaba? Aunque no podía entender lo que ella sentía. Pero yo sí sabía… sabía que si la dejaba ir, su papá, su hermano, o alguno de mis enemigos le iba a hacer daño. ¡Y de qué manera! Seguro todavía está buscando la forma de larga

