La mujer de mi vida

1858 Palabras

NARRA GEORGINA Apenas alcé la vista cuando se abrieron las puertas del ascensor, y ahí estaban dos empleados mirándonos con cara de sorpresa. —¡Hola, chicos! —les solté con una voz alegre, levantando la mano como si estuviera saludando a viejos amigos. Maxwell, por supuesto, no estaba para cordialidades. Se giró hacia ellos con una mirada fulminante y les ladró: —Den la vuelta y usen las escaleras. No se detuvo ahí, porque con toda la calma del mundo apretó el botón para cerrar la puerta en sus caras. Lo miré con los labios apretados, sintiendo el coraje subir, pero intentando controlarme. —¿Qué te pasa? ¿Por qué tratas así a tus empleados? —le reclamé, mientras levantaba la mano para tomarle la barbilla y obligarlo a que me mirara. Aproveché para tocarle la barba recién afeitada. Se

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