NARRA GEORGINA Cuando Maxwell salió de la habitación, me quedé como en pausa. Como si el tiempo se hubiera detenido por unos minutos. Respiré hondo, tratando de sacarme ese nudo en el pecho, y me animé a salir. Caminé al salón y lo vi ahí, tirado en el sofá. No pude evitar sonreír. ¡El tipo estaba roncando! Y eso que el sofá es tan chico que parecía que se iba a caer en cualquier momento. Tenía el cuello todo torcido, pobrecito. Entre la chimenea prendida, el calorcito, y la manera en que estaba tapado con lo que parecía un mantel de picnic, no pude más que sacudir la cabeza y suspirar. Me acerqué, recogí el llavero que se había caído al suelo y lo tapé bien. Dije: "¿Qué hago acá todavía?" Apagué la luz y me fui, pero no tenía ni un poquito de sueño. Me sentía rara, como loca. De esas v

