NARRA GEORGINA Abrí los ojos despacito. Apenas me di cuenta de que estaba sola en la cama, me estiré. Agarré la bolsa de agua caliente que seguía sobre mi estómago y pensé: ¿Cómo sigue tibia esta cosa? Seguro Maxwell la recargó, porque si no, ni modo que dure tanto. Todavía sentía ese dolorcito en el estómago, aunque mucho menos que ayer. Pero, la verdad, no quería hacer nada más que quedarme ahí, echada. Total, no había ningún plan emocionante esperándome. Con flojera, me levanté y me fui al baño. Cambié la toalla, hice lo que tenía que hacer, y de regreso a la cama. Me subí el edredón hasta la cabeza, cerré los ojos y decidí que hoy no me movía de aquí. Como siempre, empecé a imaginar escenarios en mi cabeza para distraerme. Es mi técnica para volver a dormir. Y funcionó, porque al r

