Me tranquilicé apoyando la mano en la madera astillada de la pesada puerta de una celda, escuchando la respiración entrecortada que reafirmó mi anterior suposición. Estaba a solo unos metros de mi celda, dejándome guiar por mi intuición. Abrí la puerta en silencio antes de entrar. Un rugido atronador comenzó a inundar la habitación, haciendo vibrar las cadenas que colgaban de la pared del fondo. "¿Te callas? Te arrancaré la lengua yo mismo si aguanto esa paliza sin motivo alguno", susurré amenazante mientras cerraba la puerta con llave. "¿Nyx?", gritó una voz profunda y ronca, confundida. Miré hacia atrás y vi los ojos, ahora apagados y verdes, del hombre mirándome desde su posición encadenada en la pared. Gruesas cadenas de plata trenzadas rodeaban sus muñecas y tobillos supurantes, su

