A la mañana siguiente, Cata estiró su mano para tocar las sábanas heladas a su lado. Intentó recordar que lo que había pasado no había sido un sueño y que como había aventurado, tampoco volvería a repetirse. Se incorporó en la cama y se sorprendió al encontrarse desnuda, recordaba haberse puesto su cómodo vestido blanco antes de dormirse. Volvió a cubrirse con la sábana, en un acto reflejo y se acercó a la silla del escritorio que tenía en la habitación. El vestido se encontraba prolijamente doblado con una nota sobre él. ME TUVE QUE IR A BUSCAR A MI HIJO Y NO QUISE DESPERTARTE. TE DIJE QUE NO VUELVAS A CUBRIRTE, COMO TE GUSTA DESOBEDECER. Cata se llevó ambas manos a su boca, con la nota aún entre sus dedos, su sonrisa no pudo ser más grande. ¿Qué estaba pasando? ¿De verdad alguien co

