Cuando el domingo a las 9 en punto Matías tocó su bocina en la puerta de la casa de Cata, ni ella misma podía creerlo. Se había probado toda la ropa que guardaba en su guardarropas y nada parecía gustarle. Estaba siendo demasiado exigente con ella misma pero era la primera vez que tenia la posibilidad de escoger qué lucir frente a él y no quería hacerle sentir que se había esforzado demasiado. La buscaba para sexo, sólo sexo. Se repetía a sí misma aquella premisa, pero su mente se empecinaba en buscar algo más. Finalmente se decidió por una falda negra de algodón, una musculosa de color celeste con un pequeño bolsillo en el lado izquierdo y cuando escuchó la bocina se puso una campera de jean a modo de abrigo. Se miró al espejo antes de salir, llevaba el pelo suelto y las ondas de su c

