Unos minutos después me dejaron entrar a su habitación. Sentí que me desvanecía al verla, se veía tan tan mal. Tenía un respirador artificial, un catéter venoso, la maquina de ecg vigilaba su frecuencia cardíaca y también tenía numerosos vendajes, su rostro y brazos se veían empañados por los hematomas, pero aún así juro que se veía preciosa. Fue como un baldado de agua fría el verla así, tan mal y no poder haberlo evitado. -¿Puedo estar un rato aquí? -Les pregunté, el doctor asintió. Me dejaron solo con ella. Pensé de inmediato en tocarla, acariciarla, besarla, moría por hacerlo, pero sabía que no podía, podría afectarla más de lo que estaba, así que solo me incliné un poco a su lado y con mucho cuidado puse mi mano aún costado de su rostro. Estaba fría, muy fría, con el cabello despein
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