Al ser dejada en mi departamento por el chófer al poco tiempo recibí una llamada de la doctora Sanders
—Hola, Evannia, llamaba para mencionarte dos cosas, la primera, quisiera saber cómo va el joven Abramovich, y la segunda, necesito que vengas al hospital.
—Lamento no informar, el joven Abramovich es un poco difícil, pero no renunciare de cuidarlo.
—Que valiente me saliste, pensé que desertarías, pero me gusta, eso me hace pensar que escogí a la correcta. Quiero que vengas para que el tiempo restante que te queda luego de tu labor con los Abramovich lo ocupes en el hospital.
—De acuerdo, en unos minutos estaré allá.
—Al llegar sube a mi consultorio, debo hablar sobre un asunto.
Tras finalizar la llamada quedaba pensativa sobre que podría hablarme. Yendo en el transporte no paraba de pensar sobre ese beso y los hechos anteriores...
Teniendo presente esa experiencia era como si el no saliera de mi mente, como si fuese necesario recordarlo siempre, notando con ello que al hacerlo mi corazón palpitaba más de lo normal, quizás mucho más fuerte que con Brandon.
Envuelta en ese pensar al poco tiempo notaba que había pasado mi estación, por ello no me quedo de otra que caminar un largo trecho. Faltando poco para llegar al hospital notaba el aparador de una tienda, contemplando la ropa interior allí expuesta de nuevo mis inseguridades salían al pensar que jamás luciria ese tipo de ropa.
Al llegar al hospital veia a Brandon a la distancia, está vez estaba acompañado de una chica, tal parecia que comentaban algo gracioso ya que su sonrisa resplandecía. Al notarme ni siquiera un saludo surgía, tal parecia que para ele no era nadie que valiera la pena. En esa divagación subía al ascensor, más tarde llegaba al consultorio de la doctora Sanders. Al haber accedido me llevaba como sorpresa ver allí a la señora Rose.
—Doctora Sanders, señora Abramovich que sorpresa verla aquí —ella como siempre tan amable me indicaba que tomara asiento.
—Quise venir a agradecerte personalmente, a pesar de que solo ha sido un día que has estado con Zayn, note que tiene mejor semblante.
—¿Mejor semblante? —inquirí ya que no sabía a qué se refería exactamente.
—El suele estar decaído, pero lo note con mejor ánimo, hasta con mejor tono de piel.
—Quizás pudo haber sido el tratamiento que le suministre.
—No lo creo, siempre he evaluado y chequeado a Zayn y es como si algo en su sangre estuviese cambiando, antes de que vinieras estuve en su casa, tome unas muestra de sangre y justo ahora espero los resultados. Dime Evannia, ¿adminístraste algo más al tratamiento? —aunque lo preguntara sabía que no había administrado nada más. Al pensar en eso vi mi dedo y recordé lo que había hecho, pero no podía mencionarlo, no era relevante, mi sangre nunca ha sido de primera ya que en algunas ocasiones suelo padecer de anemia.
—No, solo administre lo que la señora Rose me indico a través de su historia medica.
—Es muy raro, con ninguna de las enfermeras que lo han cuidado ha reaccionado asi —mencionaba la señora Rose. —También supe que tuvo apetito, Mary me comento que había comido gran parte del almuerzo y tú fuiste quien se lo entrego.
—Sí, eso es cierto, él se alimentaba cuando me retire —dije, omitiendo el resto de lo que había sucedido.
—Evannia, para mañana quisiera que fueras por la tarde, faltando poco para la noche. Estaré en casa así que estaré al pendiente, también haré una planificación ya que a partir de esta semana empiezan mis viajes y con ello deberás quedarte como acordamos.
Escuchar que me tenía que quedar en su casa me generaba yn poco de nerviosismo, sobre todo después de lo que paso...
—No hay problema, ¿a qué hora quiere que vaya exactamente?
—¿Te parece a las seis de la tarde? así me podrías ayudar a que cene, sé que quizás lo trato como un niño, pero solo quiero que mejore. Mi mayor meta es que él se ocupe de los negocios, entiendo que así como esta no los puede manejar, por eso quiero y espero que ese milagro ocurra, ese de que sane favorablemente, sé que la hemofilia no tiene cura, pero hoy lo vi tan de buen semblante que me hizo no decaer con esa esperanza que aún mantengo... Evannia, sé que mi hijo no es alguien fácil de llevar y también es un poco extraño en su forma de ser hasta para mí que soy su madre, pero por favor no lo abandones —me tomaba de las manos como si estuviese rogando.
—No lo haré señora Rose, le prometí que haría este labor y asi será.
Justo en ese momento la doctora Sanders mencionaba que los análisis habían llegado a su computador. Al ver su reaccion me preocupaba.
—¿Qué ocurre doctora Sanders? ¿Algo malo?
—No Evannia, todo lo contrario, hay patrones de cambio como si estuviese respondiendo bien por alguna causa, esto es muy raro y a la vez asombroso, nunca he visto que pueda haber alguien que empiece a tener cambios de curación en Hemofilia.
—¿Crees que pueda haber la posibilidad de esa curación que hemos esperado por años?
—No sabría con exactitud, debemos seguir evaluándolo y también saber qué es lo que exactamente está produciendo estos cambios.
Sabiendo esa asombrosa noticia ambas volvieron a agradecer por mi labor para luego despedirnos ya que debía atender mis pendientes.
Estando en el área que me correspondía divise a Karen, quien hablaba con el doctor Max de una forma muy coqueta. Sabía que la única que podría escucharme y ayudarme en mi confusión sentimental era ella, por eso interrumpí su conversación con el doctor que le gusta. Decidí que fuéramos a la cafetería y allí hablar del tema.
—Evannia ¿Qué haces aquí? pensé que ya no vendrías, ¿qué ocurrió, te despidieron?
—No Karen, solo estuve poco tiempo y la doctora Sanders me indico que el tiempo restante viniera a terminar mis pendientes.
—Ya veo, te noto rara ¿paso algo? —como siempre en ese comentario que profesaba ella notaba los cambios en mi.
—¿Cómo rara? estoy como siempre.
—Físicamente si, de nuevo estas vestida fatal, pero tus ojos los veo diferentes, como más brillosos, dime ¿qué paso? Si me trajiste aquí fué por algo realmente importante que tienes que decir.
—Tienes razón, eres la única que puede ayudarme.... —tras esa pausa empecé relatando lo extraño que había sucedido.
—Estas diciéndome que succiono tu dedo que todavía sangraba ¿para qué?
—No lo sé, es como si le gustara hacer eso, mientras lo hacía se veía como si se deleitara con mi sangre.
—¿Acaso es un vampiro? Que loco es todo esto—exclamaba y a su vez reía de su comentario. —Evannia, me parece que tu paciente está un poco mal de la cabeza, eso es lo que sucede.
—Pero eso no es todo lo que sucedió.
—¿Hay más? ¿Qué otra cosa hizo?
Le comente el comportamiento engreído y arrogante que tiene con su contacto, asi como también su forma de tratarme y el beso que planto.
—¿Estás diciendo que el chico aparte de ser un poco loco, te trato asi como me detallaste para acabar dándote un beso?
—Si, también me pareció extraño y confuso su comportamiento.
—Ahora entiendo porque no le duran las enfermeras, mínimo las aterra con ese comportamiento.
—Aunque quizás hay algo más aparte de eso —le comente lo de su habitación y las lecturas que había visto allí, hecho que por más que lo pensaba no dejaba de parecerme completamente extraño.
—¡Ahhh!, ahora entiendo, a él le gusta eso del sado.
—¿Sado? —pregunte extrañada ya que desconocía el termino.
—Los que práctican el sado sienten placer dominando a sus sumisas, asi como todo lo que hacen con ellas, les excita enormemente. Quizás si se deleitó con tu sangre como dices es porque también siente placer con eso.
—¿Puede alguien sentir placer con succionar sangre?
—Sí, es extraño, pero los hay, asi como también los que sienten satisfacción con el dolor cuando los dominan.
—¿Cómo sabes todo eso, Karen?
—Tuve un novio con un comportamiento asi y por eso lo termine, era muy celoso y no me excitaba sintiendo dolor. Cuando no lo hacíamos a su manera se molestaba, por eso decidí marcharme y dejarlo con su adicción
—¿Adicción?
—Si Evannia, para los sádicos o los dominantes eso de practicar esa modalidad que los excita a tal punto de practicar el sexo en esa forma es como si fuera una adicción para ellos, es muy difícil que dejen de hacerlo... Respóndeme algo ¿Qué sentiste cuando paso eso? ¿Te aterraste? ¿Quisiste huir de allí?
—Realmente no, eso no paso por mi mente —le comente con mucho detalle cada una de mis sensaciones asi como ese fuerte sentir que tuve cuando Zayn me beso.
—Me parece que el te atrae y es lo que estás experimentando... No digo que este mal que este ocurriendo, me alegra, pero date cuenta como te trata y apenas te está conociendo.
—Quizás su actitud cambie después del beso.
—¿Y si no? él tiene esas prácticas, y si caes en ellas, te obsesionas y solo te abandona ¿lo has pensado?
—Karen, sé que sonara extraño, pero quiero experimentar esto... siento que es inútil huir de esto que estoy sintiendo.
—Hablas como si fuese una droga que no te permitiera alejarte. ¿Estas segura de que quieres eso?
—Estoy tan confundida, no paro de pensar en él y cuando lo tengo cerca no pienso bien, es como si no supiera coordinar mis palabras.
—Es obvio, te gusta el chico y mucho por lo que veo ¿Otra cosa más que haya pasado?
—Me pregunto si soy pura, aunque no entiendo el motivo de su pregunta.
—¿No lo deduces? me dijiste que ha tenido diversas enfermeras.
—Sí, eso es lo que dijo su madre.
—Es obvia su pregunta, quizás con todas ha tenido sexo y habrán habido chicas que no lo complacerían con eso del sado o incluso con lo que hace con la sangre. De seguro esa será la causa por la que se van sin explicación alguna.
—¿Me estás diciendo que me quiere para algo s****l? solo mírame no provoco interés en ningún hombre.
—Quizás el vio lo que yo noto logrando con ello que te vea con otros ojos... Eres obediente, temerosa y tu inocencia es evidente. Podría ser que quiera someterte a los placeres carnales y asi satisfacer sus deseos.
—No Karen, si es asi no debo guardar ninguna ilusión, creí que podría gustarle de otra manera.
—¿Y quien dice que no le gustas? No sabes si ese lado erótico de él te vaya a disgustar, debes averiguarlo, como es no creo que te lo diga abiertamente.
Minutos después nos dirigimos a nuestros deberes. Aunque intentaba enfocarme me sentía perdida en el recuerdo de Zayn Abramovich. Como si el probar sus labios me sometiera a pensarlo con frecuencia.
Al acabar nuestros deberes acudí en compañía de Karen a una tienda de conveniencia. Cómo un gesto que quería hacer me propuse realizar un platillo que pudiera ayudarlo con su apetito. Karen al ver todo lo que había seleccionado me miraba con extrañeza.
—¿Desde cuando eres intolerante al gluten?
—No es para mí, es para el joven Abramovich.
—¿Para qué le cocinaras? No eres su domestica.
—Lo sé, pero quiero ayudar...