María estaba sentada en la orilla de su cama, rebobinando en su cabeza la noche anterior. Y es que recordaba que, luego de caer ebria en su cama, había comenzado a soñar con esa serenata que había pedido. La joven también recordaba haber soñado que Marcos la había levantado en brazos y llevado a la habitación donde pasarían su luna de miel; entonces vio pasar ante sus ojos la historia más feliz del mundo, con ellos haciendo una nueva familia... y despertó con un mensaje de ese hombre que le advertía que no se podía arrepentir, que estarían juntos para siempre y que la amaba con toda su vida. —No fue un sueño —murmuró María Aragall y saltó en respuesta a los golpes en su puerta. —Hasta que te amaneció —casi gritó su madre, provocando que el dolor en su cabeza aumentara—. ¿Planeabas dor

