—¿Estás nervioso? —preguntó María, y el chiquillo de ahora seis años asintió, entonces la joven se acuclilló frente a él y le sonrió enormemente—. Todo va a estar bien, lo prometo. Acto seguido, María besó la frente del niño y ambos sonrieron para, luego de que ella se incorporara, tomarse de las manos y caminar juntos. —Buenos días —saludó alguien, y tanto María como Mateo respondieron al saludo de la mujer que les daba la bienvenida. Ese era el primer día en la escuela primaria de Teo, quien se enfrentaba a un serio problema de ansiedad por su primer día en una escuela mucho muy diferente a las que estaba acostumbrado, pues los miembros de ese lugar hablaban un español un poco diferente al que hablaba él, se notaba sobre todo en su falta de melodía al pronunciar las palabras. Y n
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